Nutrición
Nutrición: es el proceso que convierte lo que comes en energía y tejidos, y explica cómo tu dieta afecta a la salud y al desarrollo de enfermedades crónicas.
La nutrición es lo que ocurre entre que el alimento entra en tu boca y sus componentes llegan a tus células. No es sinónimo de alimentación: la alimentación es el acto de comer; la nutrición es el proceso de digestión, absorción y utilización de los nutrientes para mantener tus funciones vitales, crecer, reparar tejidos y obtener energía.
Qué son los nutrientes
Los nutrientes son las sustancias que tu cuerpo puede absorber y utilizar. Se clasifican según la cantidad que necesitas al día en macronutrientes, micronutrientes, agua y fibra.
Macronutrientes
Los macronutrientes son los que necesitas en grandes cantidades y los que te aportan energía:
Hidratos de carbono: son la fuente de energía preferida de tu cerebro y tus músculos. Aportan 4 kilocalorías por gramo.
Proteínas: construyen y reparan tus tejidos, y forman las enzimas, hormonas y anticuerpos que mantienen tu cuerpo en funcionamiento. Aportan 4 kilocalorías por gramo.
Grasas o lípidos: son imprescindibles para que tu cuerpo absorba ciertas vitaminas y para fabricar tus hormonas. Aportan 9 kilocalorías por gramo —más del doble que los otros dos macronutrientes.
Micronutrientes
Los micronutrientes los necesitas en cantidades pequeñas —miligramos o microgramos al día— pero sin ellos el conjunto de reacciones químicas que te mantiene vivo —tu metabolismo— no funciona:
Vitaminas: son sustancias que tu cuerpo no puede fabricar en cantidad suficiente y que regulan procesos esenciales. Las liposolubles —A, D, E y K— se almacenan en la grasa corporal; las hidrosolubles —el grupo B y la vitamina C— no se acumulan y necesitas aportarlas con regularidad.
Minerales: son elementos que tu cuerpo no puede fabricar y tiene que obtener de la dieta, como el hierro, el calcio, el magnesio o el zinc.
Agua y fibra
El agua es el componente más abundante de tu cuerpo y el nutriente cuya carencia compromete la vida más rápidamente. La fibra alimenticia, aunque no se digiere, mejora tu salud intestinal, regula el nivel de azúcar en sangre —la glucemia— y reduce el colesterol.
Por qué importa la nutrición
La calidad de tu dieta influye directamente en tu energía diaria, en la distribución de músculo y grasa en tu cuerpo —tu composición corporal— y en la capacidad de tu cerebro para pensar y concentrarte —tu rendimiento cognitivo—. También determina el riesgo de enfermedades crónicas: la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer están estrechamente relacionados con lo que comes de forma habitual.
Entender cómo funcionan los nutrientes te permite tomar decisiones alimentarias con criterio propio, sin depender de modas ni de consejos contradictorios.
Comer es inevitable. Nutrirse es una decisión.
Referencias
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Agua
Agua: es el nutriente sin el que tu cuerpo falla en días; las necesidades reales van de 2 a más de 4 litros diarios según el ejercicio y el calor.
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Fibra alimenticia
Fibra alimenticia: es la fracción vegetal que tu intestino no digiere pero que actúa sobre el tránsito, el colesterol, la glucemia y la microbiota.
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Azufre
Azufre: es el tercer mineral más abundante del cuerpo, cuyas necesidades quedan cubiertas automáticamente con cualquier dieta que aporte proteínas suficientes.
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Cloro
Cloro: es el electrolito que produce el ácido del estómago, transporta el CO₂ en sangre e inhibe las neuronas; su déficit dietético es prácticamente imposible.
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Fósforo
Fósforo: es el mineral del ATP, el ADN y las membranas celulares; su deficiencia es prácticamente imposible con una dieta normal, pero el exceso daña el riñón.
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Magnesio
Magnesio: es cofactor de más de 300 enzimas y de cada reacción que usa ATP; su deficiencia no aparece en los análisis de sangre habituales hasta que es severa.
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Potasio
Potasio: es el electrolito que regula la presión arterial y activa cada impulso nervioso; la ingesta media europea está un 30 % por debajo de lo recomendado.
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Sodio
Sodio: es el electrolito extracelular cuyo mínimo son 500 mg/día, pero cuya ingesta media europea duplica lo recomendado, casi siempre por alimentos procesados.
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