Vitamina B2

Vitamina B2: es la riboflavina, el cofactor que activa la B6, el folato y la niacina; su déficit se extiende en cascada a otras tres vitaminas del grupo B.

Vitamina B2

En 1934, el bioquímico alemán Richard Kuhn procesó 5.400 litros de suero de leche desnatada —el líquido amarillo-verdoso que sobra al fabricar queso— para aislar un pigmento amarillo que nadie había podido purificar antes. El resultado fue apenas un gramo de una sustancia cristalina de un amarillo limón intenso. Ese suero, que los queseros llevaban siglos desechando o dando a los cerdos, era una de las concentraciones naturales más ricas del pigmento. Kuhn lo llamó lactoflavina —flavus es latín para amarillo—. Cuatro años después recibió el Premio Nobel de Química. Hoy llamamos a esa sustancia riboflavina, y es la que tiñe tu orina de amarillo intenso cada vez que tomas un suplemento que la contiene.

La carencia de riboflavina que el cuerpo ya empieza a acusar —la ariboflavinosis— es una de las deficiencias nutricionales más extendidas en el mundo. Se calcula que alrededor de dos mil millones de personas tienen una ingesta insuficiente. En los países de renta alta, el déficit grave es menos frecuente porque la dieta suele incluir lácteos, la principal fuente. Pero la carencia que el cuerpo sufre sin que se note en síntomas claros —el déficit subclínico— es más frecuente de lo que sugieren las estadísticas, y su característica más traicionera es que raramente aparece solo: cuando la riboflavina escasea, otras tres vitaminas del grupo B también funcionan mal, aunque la dieta las aporte en cantidad suficiente. El déficit viaja de incógnito.

La vitamina B2, o riboflavina, es una vitamina hidrosoluble con una propiedad física inconfundible: es de color amarillo intenso y emite fluorescencia verde-amarilla bajo luz ultravioleta. Esa propiedad óptica no es ornamental: refleja la misma capacidad química que la hace útil en tu organismo, la de captar y ceder electrones. En el cuerpo actúa en dos formas activas que funcionan como lanzaderas de electrones en más de cien reacciones bioquímicas: una molécula más pequeña —el mononucleótido de flavina (FMN)— y una molécula más grande que incorpora también una unidad de adenina —el dinucleótido de flavina y adenina (FAD)—.

¿Para qué sirve la vitamina B2?

La riboflavina no actúa en un solo proceso. El FAD y el FMN son piezas clave en cuatro procesos que van desde la producción de energía celular hasta proteger las células de las moléculas inestables que el propio funcionamiento del cuerpo genera como subproducto —los radicales libres— y del deterioro que acumulan en el ADN y las membranas —el daño oxidativo—, y los cuatro dependen de ella al mismo tiempo.

El núcleo de la producción de energía. Cuando tus células queman glucosa o grasas, el proceso más productivo ocurre dentro de las centrales energéticas de la célula —las mitocondrias—. Ahí, una cadena de reacciones en cascada transforma los nutrientes en la molécula que la célula usa como moneda de energía —el adenosín trifosfato (ATP)—. El FAD es indispensable en dos eslabones de esa cadena: uno dentro del ciclo central de extracción de energía —el ciclo de Krebs— y otro en el tramo final donde se fabrica la mayor parte del ATP —la cadena de transporte de electrones—. Sin FAD, los dos eslabones fallan y la célula pierde la capacidad de aprovechar la mayor parte de la energía de lo que has comido.

La quema de grasas. Tus células descomponen las grasas en trozos de dos carbonos para extraer energía en un ciclo de cortes progresivos —la beta-oxidación—. La primera enzima de cada ciclo de corte necesita FAD para funcionar —la acil-CoA deshidrogenasa—. Cada vez que el FAD falla, la grasa no puede procesarse completamente.

La defensa antioxidante. El funcionamiento normal del cuerpo —el metabolismo— genera radicales libres como subproducto que, si no se neutralizan, pueden dañar el ADN, las membranas y otras estructuras celulares. El principal escudo antioxidante dentro de la célula es una pequeña molécula que los captura y neutraliza —el glutatión (GSH)—. Pero el glutatión se agota al usarse y hay que regenerarlo. La enzima encargada de recargarlo —la glutatión reductasa— necesita FAD. Sin riboflavina, tus células pierden la capacidad de mantener sus defensas antioxidantes.

La detoxificación hepática. El hígado neutraliza fármacos, hormonas y compuestos tóxicos convirtiéndolos en formas más fáciles de excretar —el proceso se conoce como biotransformación hepática—. La enzima que activa los complejos moleculares encargados de ese trabajo —la NADPH-citocromo P450 reductasa— necesita FAD. Sin riboflavina, el hígado pierde parte de su capacidad de metabolizar tanto los medicamentos que tomas como las sustancias potencialmente dañinas que entran con la dieta.

Sin riboflavina, estos cuatro procesos se resienten al mismo tiempo.

La riboflavina y otras vitaminas del grupo B

El papel más contraintuitivo de la riboflavina no está en sus funciones propias, sino en lo que hace por otras vitaminas: es necesaria para activar la B6, el folato y la niacina. Cuando escasea, las consecuencias se extienden más allá de lo que toca directamente.

Vitamina B6. La B6 que comes llega en varias formas dietéticas, la más común de las cuales es la piridoxina. Para que pueda participar en más de 160 reacciones metabólicas, tiene que convertirse en la forma activa —el piridoxal-5-fosfato (PLP)—. Esa conversión la hace una enzima que, sin el FMN, no puede ponerse en marcha —el FMN es su cofactor—: la piridoxamina fosfato oxidasa. Un déficit de riboflavina deteriora esa activación e impide reacciones que dependen de PLP: síntesis de serotonina, dopamina y el mensajero químico que frena la actividad neuronal —el GABA—, y el reparto de nitrógeno entre aminoácidos para fabricar unos a partir de otros —los grupos amino—.

Folato y homocisteína. La enzima que convierte el folato dietético en su forma activa para el ciclo de la metionina —el mismo ciclo que también requiere vitamina B12— usa FAD como cofactor: la metilenotetrahidrofolato reductasa (MTHFR). Un déficit de riboflavina puede elevar los niveles de un aminoácido que en concentraciones altas daña los vasos sanguíneos —la homocisteína—, aunque el aporte de folato y B12 sea adecuado, simplemente porque la MTHFR no funciona con eficiencia.

Niacina (B3). Varios pasos del proceso por el que el triptófano se convierte en niacina dependen de enzimas con FAD o FMN como cofactor. Un déficit de riboflavina reduce la producción propia de niacina a partir del triptófano, lo que puede traducirse en menor disponibilidad aunque la dieta la aporte.

El resultado práctico: un déficit de riboflavina puede reproducir o agravar síntomas atribuibles a déficits de B6, folato o niacina, aunque la ingesta de estas últimas sea suficiente.

¿Cuánta vitamina B2 necesitas?

La EFSA establece las siguientes ingestas de referencia para la riboflavina:

GrupoIngesta de referencia (EFSA)
Lactancia2,0 mg/día
Embarazo1,9 mg/día
Adultos (hombres y mujeres)1,6 mg/día
Adolescentes 15–171,6 mg/día
Niños 7–141,0–1,4 mg/día
Niños 4–60,7 mg/día
Niños 1–30,6 mg/día

Fuente: EFSA 2017.

No existe un nivel máximo tolerable establecido: es hidrosoluble y el exceso que no utilizas se excreta por la orina sin efectos adversos conocidos. Si has tomado suplementos de riboflavina en dosis altas, ya lo habrás comprobado: tu orina adquiere un color amarillo intenso, inconfundible e inocuo.

Fuentes alimentarias de riboflavina

Las fuentes más concentradas son los órganos animales, los lácteos, los frutos secos y las setas:

AlimentoRiboflavina por cada 100 g
Hígado de ternera (cocido)3,0 mg
Almendras1,1 mg
Champiñones (crudos)0,5 mg
Huevo entero (cocido)0,45 mg
Queso curado0,35 mg
Yogur natural0,27 mg
Salmón del Atlántico (cocido)0,25 mg
Espinacas cocidas0,20 mg
Leche entera0,18 mg
Pechuga de pollo (cocida)0,15 mg

Valores aproximados. Fuente: USDA FoodData Central.

El hígado de ternera tiene una concentración extraordinaria, pero no es lo que la mayoría come a diario. En la práctica, los lácteos son los que más contribuyen a la ingesta diaria de riboflavina en la dieta occidental: no por su concentración, sino por el volumen que se consume. Un vaso de leche de 250 mL aporta unos 0,45 mg; dos yogures naturales, unos 0,5 mg. Si no consumes lácteos, cubrir los 1,6 mg diarios requiere planificación: las almendras y los champiñones son las fuentes vegetales más ricas, pero en las cantidades consumidas habitualmente no llegan para cubrir esa dosis y es necesario combinarlos con otras fuentes.

La riboflavina y la luz: el enemigo invisible

La riboflavina es la vitamina más sensible a la luz de todo el grupo B. La radiación ultravioleta y la luz visible la degradan con rapidez: la leche expuesta a la luz solar directa pierde más de la mitad de su riboflavina en dos horas.

Los envases de leche opacos —cartón o plástico blanco— no son solo una decisión de diseño: protegen activamente la riboflavina del contenido. Las botellas de vidrio transparente exponen la leche a degradación si las dejas en la encimera o en un frigorífico con puerta de cristal. La leche en lineales iluminados con luz fluorescente pierde riboflavina durante el tiempo en tienda.

Lo mismo aplica a cualquier preparación rica en riboflavina conservada en envases transparentes.

La riboflavina que se destruye en la estantería del supermercado no aparece en el etiquetado.

La absorción de la riboflavina

Tu intestino absorbe la riboflavina principalmente en el tramo superior del intestino delgado mediante proteínas de la pared intestinal que la captan y la mueven hacia la sangre —los transportadores activos—. El proceso tiene un techo: si tomas más de 27 mg en una sola dosis, la eficiencia de absorción cae de forma pronunciada —por eso las dosis farmacológicas de 400 mg que se usan para reducir la frecuencia de los ataques de migraña tienen una absorción relativa muy inferior a la de las cantidades dietéticas habituales—.

La mayor parte de la riboflavina que comes llega unida a otras moléculas —como FAD o FMN incorporados a enzimas—. Las enzimas digestivas deben separarla de esas moléculas antes de que el intestino pueda absorberla. El alcohol interfiere con los transportadores activos y reduce la absorción, lo que explica en parte por qué el déficit es tan común en personas con alcoholismo crónico.

Una vez absorbida, el cuerpo almacena muy poca riboflavina libre. La mayor parte se incorpora a las flavocoenzimas de órganos como el hígado, el riñón y el corazón. La vida media es corta: una dieta deficiente puede agotar los depósitos en pocas semanas.

La riboflavina es difícil de acumular y fácil de perder.

Riboflavina en dosis altas: la migraña

Una de las indicaciones más estudiadas de la riboflavina fuera del terreno nutricional es su uso para reducir la frecuencia de los ataques de migraña —la profilaxis de la migraña—. La dosis es de 400 mg/día —250 veces la ingesta de referencia—, lo que la convierte en un tratamiento farmacológico con una vitamina, no en una recomendación dietética.

El mecanismo propuesto parte de una observación: algunas personas con migraña tendrían las mitocondrias de sus células cerebrales funcionando con menos eficiencia de lo normal, lo que haría al cerebro más vulnerable a una descarga que se expande por la corteza cerebral apagando temporalmente las neuronas y que desencadena el dolor —la depresión cortical propagada—. La riboflavina, como componente clave de la cadena de producción de energía de las mitocondrias, mejoraría esa eficiencia. Los ensayos clínicos muestran una reducción de aproximadamente el 50 % en la frecuencia de los ataques en quienes responden al tratamiento, y el único efecto secundario relevante es la orina de color amarillo intenso.

A 400 mg/día, la riboflavina ya no actúa como vitamina. Actúa como fármaco.

Déficit de vitamina B2 y grupos de riesgo

El déficit clínico de riboflavina produce signos bastante específicos, aunque, al inicio, aparecen de forma gradual y pueden atribuirse a otras causas: grietas y úlceras en las comisuras de los labios —la queilosis angular—, labios inflamados con un tono rojizo-púrpura —la queilitis—, la lengua adquiere un color magenta inconfundible —la glositis—, descamación y enrojecimiento en la zona nasolabial —la dermatitis seborreica—, invasión de la córnea por vasos sanguíneos que en condiciones normales no están ahí —la vascularización corneal— y sensibilidad dolorosa a la luz —la fotofobia—. A estos síntomas directos se suma el efecto en cascada sobre la B6, el folato y la niacina descrito en la sección anterior.

Los grupos con mayor riesgo son:

Personas que no consumen lácteos ni productos animales sin planificación dietética. La riboflavina se concentra en el hígado, los lácteos, el pescado y los huevos, y cubrir los 1,6 mg diarios sin ninguno de ellos requiere combinar fuentes vegetales específicas.

Personas con alcoholismo crónico. El alcohol reduce la absorción intestinal de riboflavina y aumenta su excreción renal.

Pacientes con anorexia nerviosa. La restricción dietética severa reduce la ingesta total de vitaminas del grupo B, riboflavina incluida.

Personas que toman ciertos fármacos de forma crónica. Los antidepresivos tricíclicos, los antipsicóticos y algunos antiepilépticos aceleran el metabolismo de la riboflavina y aumentan las necesidades.

Para mí, el déficit de riboflavina es uno de los más difíciles de sospechar clínicamente: cuando la B6, el folato y la niacina parecen escasos pero la dieta los aporta en cantidad suficiente, lo que falta es el eslabón que los activa.

La riboflavina es la única vitamina B cuyo déficit puede imitar simultáneamente los síntomas de otras tres —B6, folato y niacina—, no porque estas falten, sino porque sin ella no pueden activarse: es el caso más claro en que el problema dietético visible no es el problema real.


Referencias

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