Valina
Valina: es el único aminoácido de cadena ramificada que produce exclusivamente glucosa al degradarse, con sus funciones musculares, fuentes y la MSUD.
En 1954, el neurólogo John Menkes describió en seis recién nacidos un cuadro que no había visto antes: retraso mental severo, movimientos anormales y un olor dulce y penetrante en la orina, comparable al jarabe de arce. Las familias llegaban a la consulta con bebés que habían parecido normales al nacer. Décadas más tarde se identificó la causa: una enzima defectuosa bloquea la degradación de tres aminoácidos a la vez. Uno de ellos es la valina.
Los tres comparten esa enzima, comparten la enfermedad y se estudian casi siempre juntos. Lo que no comparten es lo que producen cuando el músculo los descompone. La leucina genera combustibles alternativos que el organismo usa cuando escasea la glucosa —los cuerpos cetónicos—. La isoleucina puede producir las dos cosas. La valina produce única y exclusivamente glucosa. No hay alternativas ni atajos: todo lo que tu músculo obtiene de ella puede convertirse en glucosa. Es la única de las tres con esa propiedad.
La valina es uno de los nueve aminoácidos esenciales y, junto con la leucina y la isoleucina, uno de los tres con una bifurcación característica en su estructura molecular —los aminoácidos de cadena ramificada (BCAA)—. Es la que menos protagonismo recibe del grupo: la leucina concentra los estudios sobre síntesis muscular; la isoleucina tiene propiedades propias sobre la captación de glucosa sin insulina. La valina hace algo diferente, menos llamativo, pero que las otras dos no pueden hacer.
¿Cuánta valina necesitas?
La OMS establece el requerimiento de valina en 26 mg por kg de peso corporal al día en adultos. Si pesas 70 kg, son 1.820 mg diarios, cantidad que cualquier dieta con proteína de calidad cubre sin dificultad.
¿Para qué sirve la valina?
Solo produce glucosa, sin cuerpos cetónicos. Cuando tu cuerpo descompone la valina para obtener energía, produce un intermediario —el propionil-CoA— que entra en el proceso central de obtención de energía de la célula —el ciclo de Krebs—. Lo que sale de ese proceso puede convertirse en glucosa.
A diferencia de la leucina —puramente cetogénica— y de la isoleucina —que puede hacer las dos cosas—, la valina solo aporta materiales para fabricar glucosa a partir de fuentes que no son hidratos de carbono —lo que se llama gluconeogénesis—, lo que la convierte en un aminoácido puramente glucogénico. Cuando llevas horas sin comer, o el músculo lleva rato trabajando duro, tu cuerpo puede usar la valina y convertirla en glucosa nueva para que el nivel en sangre —la glucemia— no caiga.
La valina no produce cetona: produce glucosa.
Síntesis de proteína muscular. Como los otros dos BCAA, la valina es uno de los aminoácidos que el músculo usa preferentemente durante el ejercicio y que limitan la síntesis de proteína muscular cuando escasean. Los tres BCAA en proporciones adecuadas —con la leucina en mayor cantidad— son más eficaces juntos que cualquiera por separado, porque el músculo puede captar nitrógeno de las tres fuentes a la vez.
Reciclaje del nitrógeno muscular. Cuando el músculo descompone la valina, extrae su nitrógeno y lo transfiere a otra molécula —un proceso que se llama transaminación—. Ese nitrógeno acaba formando dos aminoácidos que actúan como mensajeros de transporte: la alanina y la glutamina, que llevan el nitrógeno desde el músculo hacia el hígado y el intestino.
El circuito entre músculo e hígado funciona así: el músculo envía alanina cargada de nitrógeno al hígado; el hígado la descompone y devuelve glucosa al músculo. Es lo que se llama el ciclo glucosa-alanina: una forma en que músculo e hígado se turnan el trabajo durante el ejercicio. La valina contribuye activamente a ese circuito de reciclaje de nitrógeno en todo el organismo, no solo en el músculo donde se degrada.
Cicatrización y reparación tisular. La valina es un componente estructural de la proteína que da firmeza a tendones, piel y huesos —el colágeno— y de la que les da elasticidad a tu piel y tus arterias —la elastina—. Su papel no es tan determinante aquí como el de la lisina, pero la demanda de valina sube en situaciones en que hay mucho tejido dañado a la vez —lo que se llama daño tisular extenso—, infección grave o cirugía mayor, cuando la reparación de tejidos se acelera.
Fuentes alimentarias de valina
La valina se distribuye de forma similar a los otros BCAA, con mayor concentración en las fuentes de alta densidad proteica:
| Alimento | Valina por cada 100 g |
|---|---|
| Pechuga de pollo (cocida) | 1.100 mg |
| Queso parmesano | 1.100 mg |
| Atún fresco (cocido) | 1.050 mg |
| Semillas de calabaza (crudas) | 1.040 mg |
| Almendras | 1.020 mg |
| Salmón del Atlántico (cocido) | 1.000 mg |
| Huevo entero (cocido) | 720 mg |
| Lentejas cocidas | 550 mg |
| Garbanzos cocidos | 480 mg |
Fuente: USDA FoodData Central. Valores aproximados.
Las semillas de calabaza destacan entre las fuentes vegetales: con 1.040 mg por cada 100 g alcanzan concentraciones casi idénticas a la pechuga de pollo o el parmesano, que habitualmente son los referentes de concentración entre las fuentes animales.
Los tres BCAA y la enzima compartida
Leucina, isoleucina y valina comparten los dos primeros pasos de su degradación. El primero es la transaminación —el paso donde cada uno cede su nitrógeno—, que realiza la enzima encargada de transferir ese grupo nitrogenado a otra molécula —la BCAT, o aminotransferasa de cadena ramificada—, presente en el músculo, el cerebro y el riñón.
El segundo paso convierte el compuesto que queda tras la transaminación —el cetoácido— en moléculas que la célula puede usar como combustible. Lo realiza un complejo enzimático situado en las centrales energéticas de la célula —las mitocondrias—: la BCKDH, o deshidrogenasa de cetoácidos de cadena ramificada. Si la BCKDH falla por un defecto genético, los tres BCAA se acumulan al mismo tiempo, porque todos comparten ese segundo paso.
Eso es exactamente lo que ocurre en la enfermedad de la orina con olor a jarabe de arce —la MSUD, por sus siglas en inglés—. Una mutación en la BCKDH bloquea la degradación de los tres BCAA simultáneamente: los cetoácidos derivados de leucina, isoleucina y valina se acumulan en sangre, orina y cerebro. El nombre describe el olor característico de la orina del recién nacido, producido por el cetoácido de la leucina.
Sin detección precoz, la MSUD produce daño cerebral grave en los primeros días de vida. El cetoácido de la leucina es el más neurotóxico de los tres: interfiere con el transporte de otros aminoácidos al cerebro y con la formación de la vaina protectora que recubre los nervios y permite que las señales viajen rápido —la mielinización—. La MSUD forma parte del análisis de sangre que se hace a todos los recién nacidos en España desde 2015 —el cribado neonatal universal comúnmente conocido como la prueba del talón—.
El tratamiento consiste en restringir los tres BCAA al mismo tiempo y cubrir el resto de necesidades proteicas con una fórmula de aminoácidos sin BCAA. Las cantidades toleradas de cada uno se ajustan con precisión según los niveles en sangre, porque la deficiencia de cualquiera de los tres también produce síntomas.
En la MSUD, bajar demasiado el aporte es tan peligroso como subirlo.
¿Qué ocurre si te falta valina?
La deficiencia aislada de valina es prácticamente inexistente en dietas con proteína de calidad variada. Sus manifestaciones serían pérdida de masa muscular, fatiga, menor capacidad para fabricar proteínas y, en la infancia, retraso en el crecimiento. También pueden aparecer síntomas neurológicos, porque la valina compite con otros aminoácidos grandes por la misma proteína de transporte para cruzar el filtro que separa tu sangre de tu cerebro —la barrera hematoencefálica—.
En la práctica, el déficit de valina solo aparece en dietas artificialmente restringidas en BCAA —como ocurre, paradójicamente, en el propio tratamiento de la MSUD—: mantener los niveles de leucina dentro de los márgenes seguros sin dejar caer la valina y la isoleucina por debajo de sus necesidades mínimas es uno de los retos más delicados del manejo dietético de esa enfermedad.
Para mí, la función más infravalorada de la valina es su papel como reserva glucogénica en el ejercicio prolongado: no activa la fabricación de proteinas como la leucina ni capta glucosa como la isoleucina, pero cuando el glucógeno empieza a fallar, es la única de las tres que puede aportar carbono para fabricar glucosa sin ningún derivado alternativo.
La enfermedad que Menkes describió en 1954 lleva el nombre del olor del cetoácido de la leucina. Los tres BCAA están bloqueados, pero la leucina acapara el protagonismo —como lo acapara en los estudios de síntesis muscular, donde la valina siempre aparece en tercera posición. Lo que se pierde en esa jerarquía es la propiedad que la distingue de las otras dos: cuando tu músculo la descompone durante un esfuerzo prolongado, lo único que produce es glucosa.
La reserva de carbono que trabaja en silencio.
Referencias
También te puede interesar
Agua
Agua: es el nutriente sin el que tu cuerpo falla en días; las necesidades reales van de 2 a más de 4 litros diarios según el ejercicio y el calor.
Leer artículo →
Fibra alimenticia
Fibra alimenticia: es la fracción vegetal que tu intestino no digiere pero que actúa sobre el tránsito, el colesterol, la glucemia y la microbiota.
Leer artículo →
Azufre
Azufre: es el tercer mineral más abundante del cuerpo, cuyas necesidades quedan cubiertas automáticamente con cualquier dieta que aporte proteínas suficientes.
Leer artículo →