Selenio
Selenio: es el oligoelemento incorporado como selenocisteína en 25 selenoproteínas, esencial para el tiroides y la defensa antioxidante celular.
Entre todos los minerales esenciales, el selenio ocupa una posición sin equivalente: es el único que tu organismo incorpora directamente al código genético como aminoácido. El cobre, el hierro, el zinc y el manganeso actúan como cofactores coordinados a proteínas mediante interacciones no covalentes: entran y salen del sitio activo, se intercambian, compiten entre sí. El selenio no. Tu célula lo inserta directamente en la cadena de proteínas mientras las fabrica, como si fuera un aminoácido más —y en rigor lo es—, con el nombre de selenocisteína (Sec).
Ese detalle no es trivial. Para conseguirlo, tu organismo ha reservado un mecanismo de inserción específico —como se explica en el apartado siguiente— que ningún otro mineral traza posee. El selenio es un oligoelemento cuya importancia empieza en el ribosoma.
¿Cuánto selenio necesitas?
La EFSA estableció en 2014 la ingesta de referencia para la población (PRI) de selenio:
| Grupo | PRI (EFSA 2014) |
|---|---|
| Adultos (hombres y mujeres) | 70 µg/día |
| Embarazo | 70 µg/día |
| Lactancia | 85 µg/día |
| Adolescentes 15–17 | 70 µg/día |
| Adolescentes 11–14 | 55 µg/día |
| Niños 7–10 | 35 µg/día |
| Niños 4–6 | 20 µg/día |
| Niños 1–3 | 15 µg/día |
El nivel máximo tolerable para adultos es de 300 µg/día (EFSA) o 400 µg/día (Instituto de Medicina de EEUU). El umbral de toxicidad es relativamente cercano a la ingesta óptima: a partir de ingestas crónicas superiores a 300–400 µg/día aparece un síndrome con aliento a ajo, caída de cabello, fragilidad y pérdida de uñas, y en casos graves daño en los nervios de las extremidades —la selenosis—. El olor a ajo procede de la excreción de selenio a través de los pulmones cuando la ingesta supera la capacidad de excreción renal.
La selenocisteína: el aminoácido exclusivo del selenio
Para insertar la selenocisteína en una proteína, tu célula tiene que resolver un problema genético. El código genético usa tripletes de letras llamados codones para especificar qué aminoácido añadir a la cadena de proteínas que el ribosoma —la maquinaria celular que las construye— está ensamblando. Uno de esos codones, el UGA, es normalmente una señal de parada: indica que la cadena termina aquí. En los genes que codifican selenoproteínas, sin embargo, ese mismo codón UGA significa otra cosa: insertar selenocisteína. La diferencia la marca una señal en el extremo del ARN mensajero —el elemento SECIS (Selenocysteine Insertion Sequence)— que un conjunto de proteínas especializadas reconoce para redirigir al ribosoma e insertar selenocisteína en lugar de parar.
¿Por qué tu organismo emplea selenio en lugar de azufre —su análogo químico más próximo— en posiciones catalíticas críticas? La respuesta está en la reactividad. El pKa —la medida que indica a qué nivel de acidez un átomo pasa de estar latente a estar completamente activo y disponible para reaccionar— del grupo selenol de la selenocisteína es 5,4; el del grupo tiol de la cisteína equivalente es 8,3. A pH fisiológico (7,4), el átomo de selenio está completamente activo; el átomo de azufre de la cisteína, solo en parte. Esa diferencia convierte al selenio en un catalizador entre dos y cuatro órdenes de magnitud más rápido que la cisteína en las mismas condiciones redox.
Por eso no se puede simplemente intercambiar uno por el otro.
El genoma humano codifica 25 selenoproteínas. Las más importantes pertenecen a tres familias: las glutatión peroxidasas (GPx), las tiorredoxina reductasas (TrxR) y las yodotironina deiodinasas (DIO). La principal proteína transportadora de selenio en plasma —la selenoproteína P (SELENOP)— contiene diez residuos de selenocisteína, más que cualquier otra proteína humana, y se encarga de entregar el selenio prioritariamente al cerebro y los testículos cuando la ingesta es limitada.
Las glutatión peroxidasas del selenio: del citosol a las membranas
La familia GPx agrupa ocho enzimas (GPx1–GPx8) con distribuciones tisulares y sustratos distintos.
GPx1 —la glutatión peroxidasa citosólica, la primera descubierta y la más abundante— reduce el peróxido de hidrógeno y los hidroperóxidos orgánicos usando como cofactor reductor un tripéptido antioxidante que tus células sintetizan a partir de los aminoácidos glicina, cisteína y glutamato —el glutatión (GSH)—. Es la primera línea de defensa antioxidante frente al H₂O₂ que escapa de la cadena respiratoria mitocondrial y de otras fuentes intracelulares.
GPx4 es funcionalmente diferente de todas las demás. Es la única enzima capaz de reducir directamente los fosfolípidos oxidados atrapados dentro de las membranas biológicas —los hidroperóxidos de fosfolípidos—. Los fosfolípidos oxidados no son solubles; GPx1 no puede acceder a ellos. GPx4 opera directamente dentro de la bicapa lipídica, donde convierte esos fosfolípidos dañados en alcoholes lipídicos inocuos.
Esta función tiene implicaciones que solo se comprendieron plenamente en 2012, cuando el grupo de Brent Stockwell en la Universidad de Columbia describió una forma de muerte celular regulada impulsada por la acumulación de fosfolípidos oxidados en las membranas y dependiente de hierro —la ferroptosis—, distinta de la muerte celular programada que la propia célula ejecuta de forma ordenada —la apoptosis— y de la muerte por daño o rotura celular brusca —la necrosis—. GPx4 es el freno principal de la ferroptosis: cuando es inhibida farmacológicamente o cuando la deficiencia de selenio la compromete, los fosfolípidos de las membranas se oxidan sin control, los iones de Fe²⁺ catalizan una cascada de peroxidación en cadena y la célula muere por colapso de su membrana. La ferroptosis se ha implicado en el daño tisular que ocurre cuando la sangre vuelve a un tejido tras un período de privación de oxígeno —la isquemia-reperfusión—, en la lesión renal aguda y en la muerte neuronal en enfermedades neurodegenerativas.
GPx4 es el único freno de ese colapso membranoso. Y GPx4 depende del selenio.
Una tercera isoforma de GPx4, la variante mitocondrial presente en los espermatozoides, tiene además una función estructural: forma la cápsula que rodea las mitocondrias del flagelo espermático mediante entrecruzamientos oxidativos. La deficiencia de selenio en varones produce espermatozoides con morfología flagelar anómala e infertilidad, un hallazgo reproducible en roedores y relevante clínicamente en poblaciones con ingesta marginal.
El selenio y el tiroides: el órgano más rico en selenio
Tu tiroides contiene más selenio por gramo de tejido que cualquier otro órgano de tu cuerpo. Esta concentración no es accidental: la síntesis y la activación de las hormonas tiroideas dependen de selenoproteínas en cada etapa crítica del proceso.
Las selenoproteínas más relevantes para el metabolismo tiroideo son las encargadas de activar y desactivar las hormonas tiroideas eliminando átomos de yodo de la tiroxina —la hormona que tu glándula fabrica, abreviada T4— para obtener la forma activa o las formas inactivas. Se llaman yodotironina deiodinasas y existen en tres variantes:
DIO1 —presente en el hígado, el riñón y el tiroides— convierte la T4 en T3 activa eliminando un átomo de yodo del anillo externo, e inactiva también la T3 inversa (rT3) que se acumula.
DIO2 —presente en el cerebro, la hipófisis, el tejido adiposo y el músculo esquelético— convierte T4 en T3 localmente con alta afinidad: es la principal fuente de T3 en los tejidos que más la necesitan para regular el metabolismo energético y el desarrollo neurológico.
DIO3 —presente en la placenta, el cerebro y la piel— inactiva tanto la T4 como la T3, produciendo formas inactivas (rT3 y T2) que frenan la señal tiroidea.
La deficiencia de selenio altera este equilibrio: la actividad de DIO1 y DIO2 cae, la conversión de T4 en T3 se reduce y los niveles de rT3 aumentan. El resultado es un patrón de hormonas tiroideas alterado similar al que aparece en personas gravemente enfermas con un tiroides estructuralmente intacto —lo que se conoce como síndrome del eutiroideo enfermo—: TSH normal o levemente elevada, T4 elevada, T3 baja, rT3 alta.
Las glutatión peroxidasas también protegen al tiroides de daño oxidativo durante la síntesis hormonal. La célula folicular del tiroides responsable de fabricar las hormonas tiroideas —el tirocito— produce H₂O₂ de forma deliberada: es el oxidante que la tiroperoxidasa necesita para yodar la tiroglobulina. Pero ese H₂O₂ debe neutralizarse rápidamente para no dañar la propia célula. GPx3 plasmática y otras GPx tiroideas realizan esa función. La deficiencia de selenio deja tu tiroides más expuesto al estrés oxidativo que él mismo genera.
En la causa más frecuente de hipotiroidismo autoinmune en países sin deficiencia de yodo —la tiroiditis de Hashimoto— varios ensayos clínicos con dosis de 200 µg/día de selenio en forma de selenometionina —la forma en que las plantas incorporan el selenio en sus proteínas— han mostrado reducciones de los anticuerpos anti-tiroperoxidasa (anti-TPO) del 20–40 %. El mecanismo propuesto implica la mejora de la defensa antioxidante de la glándula y la modulación de la respuesta inflamatoria local. Los datos no son suficientes para recomendar la suplementación de forma rutinaria en Hashimoto, pero la asociación biológica entre selenio y autoinmunidad tiroidea está reconocida en las guías europeas de tiroides.
Fuentes de selenio en la dieta
El contenido de selenio en los alimentos depende en gran medida del contenido de selenio en el suelo donde se produjeron. Esta variabilidad geográfica hace que las tablas de composición de alimentos sean orientativas para el selenio más que para cualquier otro oligoelemento.
| Alimento | Selenio por 100 g (aproximado) |
|---|---|
| Nuez de Brasil | 1.917 µg (muy variable: 10–400 µg/unidad) |
| Atún (en lata, al natural) | ~80 µg |
| Halibut (cocinado) | ~54 µg |
| Sardinas (en lata) | ~53 µg |
| Gambas (cocidas) | ~40 µg |
| Carne de cerdo (cocinada) | ~35 µg |
| Huevos enteros | ~32 µg |
| Carne de vacuno (cocinada) | ~26 µg |
| Pan integral de trigo | ~26 µg (varía con el suelo) |
| Lentejas cocidas | ~6 µg |
Fuente: USDA FoodData Central. Los valores de cereales y legumbres son especialmente variables según el origen geográfico.
La nuez de Brasil (Bertholletia excelsa) merece mención aparte. Sus frutos acumulan selenio del suelo de la selva amazónica, que en algunas regiones es excepcionalmente rico en el elemento. Una sola nuez puede contener entre 70 y 90 µg de selenio —la ingesta de referencia diaria completa—, pero ese valor puede ser diez veces inferior en nueces de zonas con menos selenio en el suelo y cuatro veces superior en zonas especialmente ricas. El consumo crónico de más de cuatro o cinco nueces al día entraña riesgo real de superar el nivel máximo tolerable.
La dimensión geográfica del selenio tiene consecuencias en salud pública que van más allá de los alimentos individuales. Nueva Zelanda, Finlandia y amplias zonas de China tienen suelos con muy bajo contenido en selenio; el norte de América, el sur de América del Sur y algunas regiones de Europa tienen suelos más ricos. Finlandia respondió en 1984 con una solución poco habitual: añadir selenato sódico a todos los fertilizantes agrícolas del país. El resultado fue un aumento mensurable de la ingesta media de selenio en la población finlandesa en el transcurso de pocos años, sin necesidad de suplementos individuales.
Las dietas predominantemente vegetales en zonas con suelos pobres en selenio pueden resultar insuficientes: las legumbres y los cereales contienen selenio en forma de selenometionina, que se absorbe bien, pero la cantidad disponible en la planta depende directamente del suelo. Los mariscos y las carnes tienen perfiles de selenio más estables porque los animales acumulan el elemento con independencia de la variación agrícola puntual.
La enfermedad de Keshan y el selenio insuficiente
En la provincia de Heilongjiang, en el noreste de China, una franja geográfica con suelos extremadamente pobres en selenio causó durante décadas una enfermedad endémica con nombre propio: la enfermedad de Keshan, descrita por primera vez en el condado de Keshan en los años treinta del siglo XX. Se trata de un deterioro progresivo del músculo del corazón que destruye su capacidad para bombear sangre con eficacia —una miocardiopatía congestiva— que afectaba principalmente a niños y mujeres en edad fértil y tenía una mortalidad elevada antes de la intervención con selenio.
El vínculo con el selenio se estableció con claridad en la década de los setenta: los residentes de las zonas endémicas tenían selenio sérico y actividad de glutatión peroxidasa eritrocitaria significativamente inferiores a las poblaciones no afectadas. La suplementación masiva con selenito sódico en las comunidades afectadas redujo drásticamente la incidencia de la enfermedad.
Pero la historia no termina ahí. La observación de que el selenio sérico bajo no era suficiente para reproducir la enfermedad de Keshan en animales llevó a investigar un cofactor. Los estudios de Mark Beck en la Universidad de North Carolina mostraron que los ratones deficientes en selenio infectados con un virus con predilección por atacar el tejido cardíaco —el Coxsackievirus B— desarrollaban una inflamación del músculo cardíaco —la miocarditis— más grave que los controles con selenio adecuado. Más relevante aún: el virus recuperado de los ratones deficientes había mutado hacia variantes genéticas más agresivas que surgen cuando el mecanismo de corrección de errores del virus funciona con menor fidelidad —las cuasiespecies—. La enfermedad de Keshan requería, así, dos factores: el suelo pobre y el virus. El selenio era el umbral que determinaba qué versión del patógeno se multiplicaba.
Otra enfermedad endémica de las zonas de China, Tíbet y partes de Rusia con déficit de selenio afecta a los huesos y las articulaciones en la infancia —la enfermedad de Kashin-Beck—, aunque su etiología es más compleja: intervienen también la deficiencia de yodo y las toxinas producidas por hongos del género Fusarium que contaminan el grano almacenado —las micotoxinas—. Se presenta como un retraso del crecimiento esquelético y deterioro articular crónico, con deformidades que en los casos graves afectan a manos, rodillas y pies.
Fuera de estas formas endémicas, el riesgo de deficiencia de selenio en adultos con dieta variada en Europa occidental es bajo pero no nulo: los suelos europeos tienen selenio variable, y las personas con dietas puramente vegetales en regiones de bajo contenido en selenio son el grupo con mayor riesgo.
El selenio y el cáncer: cuando el ensayo no replicó al ensayo
En 1996, el equipo de Larry Clark publicó en JAMA los resultados del Nutritional Prevention of Cancer Trial (NPC): 1.312 pacientes con antecedentes de carcinoma cutáneo fueron aleatorizados a selenio (200 µg/día como levadura selenizada) o placebo durante una media de 4,5 años. El resultado primario —incidencia de cáncer de piel— fue negativo. Los resultados secundarios no planificados cambiaron el campo: el grupo de selenio mostró reducciones del 63 % en cáncer de próstata, del 58 % en cáncer colorrectal y del 46 % en cáncer de pulmón.
Esos datos secundarios generaron una hipótesis y un mercado. Si el selenio reducía el cáncer, un ensayo definitivo era urgente. El Selenium and Vitamin E Cancer Prevention Trial (SELECT), iniciado en 2001, fue ese ensayo: 35.533 hombres aleatorizados a selenio (200 µg/día), vitamina E (400 UI/día), ambos, o placebo. Era el ensayo de prevención de cáncer de próstata más grande de la historia.
En 2008, el comité de datos independiente recomendó su interrupción prematura por inutilidad: no había ninguna reducción de cáncer de próstata en el grupo de selenio. El seguimiento extendido publicado en 2009 y actualizado en 2014 confirmó el resultado nulo para selenio, y añadió una señal preocupante: el grupo de vitamina E mostraba un aumento estadísticamente significativo del riesgo de cáncer de próstata.
¿Cómo se reconcilian NPC y SELECT? El análisis retrospectivo de los datos del NPC reveló que el beneficio estaba concentrado en los participantes con selenio plasmático basal por debajo de 106 µg/L. Por encima de ese umbral, el selenio no producía reducción de cáncer. Los participantes de SELECT tenían un selenio plasmático basal medio de 135 µg/L —ya suficientes—. Suplementar a alguien con selenio adecuado no reduce el cáncer; puede, en cambio, desplazarlos hacia la parte alta del rango donde los efectos son, en el mejor caso, neutros.
El selenio y el cáncer es hoy un ejemplo de libro de texto sobre los límites del razonamiento observacional y de los resultados secundarios de ensayos no potenciados para ese fin. La hipótesis sobrevivió al NPC, no sobrevivió a SELECT.
El selenio es el único oligoelemento con ventana terapéutica en sentido estricto: la diferencia entre la ingesta que optimiza la función de las selenoproteínas y la que produce alopecia, neuropatía y aliento a ajo es de apenas cuatro veces; y la diferencia entre el nivel que protege en deficiencia y el que es inútil en suficiencia es un solo análisis de sangre.
Fuentes: EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA). Dietary reference values for selenium. EFSA Journal. 2014;12(10):3846. · Lippman SM et al. Effect of selenium and vitamin E on risk of prostate cancer and other cancers: the Selenium and Vitamin E Cancer Prevention Trial (SELECT). JAMA. 2009;301(1):39-51.
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