Vitamina B6

Vitamina B6: es el cofactor de más de 160 reacciones enzimáticas, central en la síntesis de neurotransmisores, con toxicidad neurológica documentada a dosis altas.

La vitamina B6 no es un único compuesto. Es una familia de seis moléculas —piridoxina, piridoxal, piridoxamina y sus formas 5’-fosfato— que tu organismo convierte en su forma activa: el piridoxal-5’-fosfato (PLP). El PLP es cofactor de más de 160 reacciones enzimáticas, más que cualquier otra vitamina conocida. Casi todas afectan al metabolismo de los aminoácidos, pero su alcance va más allá: el PLP interviene en la síntesis de prácticamente todos los neurotransmisores principales, en la producción de la estructura que encaja el hierro en la proteína que transporta oxígeno —el grupo hemo—, y en la movilización de la reserva de azúcares que el músculo almacena para el ejercicio —el glucógeno muscular—. Es una vitamina hidrosoluble cuyo déficit —y cuyo exceso— puede producir daño en los nervios de las extremidades —la neuropatía periférica—.

¿Cuánta vitamina B6 necesitas?

La EFSA fija los valores de referencia para la vitamina B6 tomando como marcador la concentración plasmática de PLP en ayunas:

GrupoIngesta de referencia (EFSA)
Adultos (hombres y mujeres)1,7 mg/día
Embarazo1,8 mg/día
Lactancia1,8 mg/día
Adolescentes 15–171,6 mg/día
Niños 10–141,2 mg/día
Niños 7–91,0 mg/día
Niños 4–60,7 mg/día
Niños 1–30,6 mg/día

La EFSA establece un nivel máximo tolerable de 25 mg/día para la vitamina B6 procedente de suplementos y alimentos enriquecidos. Es uno de los pocos B vitamínicos con un límite toxicológico establecido. Las dosis crónicas altas producen, paradójicamente, el mismo síntoma que el déficit: daño en los nervios sensoriales de las extremidades —la neuropatía sensorial periférica—, un fenómeno suficientemente documentado como para que la cifra de 25 mg/día sea una advertencia real, no una cautela teórica.

¿Para qué sirve la vitamina B6?

El PLP actúa como cofactor creando con el aminoácido un tipo de enlace covalente que transforma la molécula en una forma mucho más reactiva y manipulable —las bases de Schiff—. Esta adaptabilidad química explica por qué tantos tipos distintos de reacciones dependen del mismo cofactor.

Transaminación. Las enzimas que transfieren grupos amino entre aminoácidos y cetoácidos —las aminotransferasas— dependen de PLP. Las dos más conocidas, que aparecen en cualquier análisis de sangre rutinario para evaluar la función hepática, son la alanina aminotransferasa (ALT) y la aspartato aminotransferasa (AST). La síntesis de glucosa en el hígado a partir de aminoácidos y otros sustratos cuando no hay hidratos de carbono disponibles —la gluconeogénesis— y la síntesis de aminoácidos no esenciales pasan por reacciones de transaminación que requieren PLP.

Síntesis de neurotransmisores. El PLP cataliza el paso final que convierte los precursores inactivos en los mensajeros químicos del cerebro —la decarboxilación—. Sin PLP, la dopamina, la serotonina, el GABA, la histamina y la noradrenalina no pueden sintetizarse a la velocidad que el sistema nervioso requiere.

Síntesis del grupo hemo. La enzima que regula la velocidad de producción del anillo molecular que incorporará el hierro —la aminolevulinato sintasa (ALAS)— usa PLP para sintetizar la primera molécula precursora de esa ruta. El hierro se incorporará más adelante a esa estructura para formar la proteína que transporta oxígeno en los glóbulos rojos —la hemoglobina— y su equivalente en el músculo —la mioglobina—.

Glucogenólisis muscular. La enzima que libera glucosa de la reserva de azúcares que el músculo almacena para el ejercicio —la glucógeno fosforilasa— contiene PLP como cofactor estructural. A diferencia del resto de sus funciones, aquí el PLP no actúa sobre aminoácidos: estabiliza la estructura de la enzima mientras descompone la reserva de azúcares del músculo —el glucógeno— para liberar glucosa. Es una de las pocas funciones del PLP completamente ajenas al metabolismo de los aminoácidos.

Metabolismo de la homocisteína. La enzima que convierte el aminoácido que en concentraciones altas daña los vasos sanguíneos —la homocisteína— en cistationina, iniciando la ruta hacia su eliminación, es la cistationina beta-sintasa (CBS), que depende de PLP. Esa reacción es el primer paso de la ruta que transforma la homocisteína, paso a paso, en cisteína —la vía de la transulfuración—. Un déficit de vitamina B6 puede elevar los niveles de homocisteína en sangre independientemente del estado de vitamina B12 o ácido fólico, añadiendo un componente de riesgo cardiovascular propio.

El PLP no falla en una reacción a la vez: cuando su concentración baja, todas las rutas que dependen de él se resienten al mismo tiempo.

Fuentes alimentarias de piridoxina

La vitamina B6 está presente en una amplia variedad de alimentos, tanto de origen animal —principalmente en forma de piridoxal y piridoxamina, más biodisponibles— como vegetal —principalmente piridoxina—:

AlimentoVitamina B6 por 100 g
Semillas de girasol (crudas)~1,3 mg
Hígado de ternera (cocido)~1,0 mg
Pechuga de pollo (cocida)~0,9 mg
Atún fresco (cocido)~0,9 mg
Salmón del Atlántico (cocido)~0,8 mg
Garbanzos cocidos~0,5 mg
Patata cocida~0,3 mg
Plátano~0,3 mg
Pan integral~0,2 mg
Espinacas cocidas~0,2 mg

Fuente: USDA FoodData Central.

La cocción prolongada y el procesado industrial degradan la vitamina B6. La forma vegetal (piridoxina) es algo menos biodisponible que las formas animales (piridoxal y piridoxamina), porque parte se encuentra unida a glucósidos en ciertos vegetales —especialmente en patatas— que el intestino humano absorbe con menor eficiencia.

La vitamina B6 y la síntesis de neurotransmisores

El PLP cataliza el último paso de síntesis de los neurotransmisores más importantes del sistema nervioso central. El esquema es siempre el mismo: un aminoácido precursor se transforma primero en un intermediario, y ese intermediario sufre el paso de decarboxilación dependiente de PLP para convertirse en el mensajero activo.

Serotonina. El triptófano se convierte primero en un intermediario —el 5-hidroxitriptófano (5-HTP)—, y la enzima que usa PLP para dar el último paso —la descarboxilasa de aminoácidos aromáticos— lo transforma en serotonina. La serotonina regula el sueño, el apetito, el estado de ánimo y la motilidad intestinal.

Dopamina y catecolaminas. La tirosina se convierte en el compuesto intermedio que precede directamente a la dopamina —la L-DOPA—, y la misma descarboxilasa de aminoácidos aromáticos, usando PLP, completa la conversión. La dopamina es precursora de las hormonas que el organismo libera en situaciones de estrés y alerta —la noradrenalina y la adrenalina—.

GABA. La enzima que convierte el glutamato en el principal mensajero inhibidor del cerebro —la glutamato descarboxilasa— depende de PLP. Sin niveles adecuados de PLP, la síntesis del GABA se reduce y el equilibrio entre activación e inhibición neuronal se compromete.

Histamina. La histidina se transforma mediante una descarboxilasa dependiente de PLP en el mensajero implicado en la respuesta inmune, la inflamación y la secreción gástrica —la histamina—.

Que el PLP sea imprescindible para todos estos neurotransmisores tiene consecuencias clínicas directas.

La más conocida en la práctica habitual es el tratamiento de las náuseas del embarazo. La vitamina B6 —en dosis de 10 a 25 mg tres veces al día— es el tratamiento farmacológico de primera línea en numerosas guías obstétricas para las náuseas y los vómitos del primer trimestre. El mecanismo no está del todo establecido; la hipótesis más aceptada es que interviene la modulación de la serotonina en el tracto digestivo y el GABA en el control central del reflejo nauseoso.

La más llamativa es la epilepsia dependiente de piridoxina (EDP). Una mutación en el gen ALDH7A1 bloquea el catabolismo de la lisina, lo que lleva a la acumulación de un metabolito que inactiva el PLP en el cerebro. Sin PLP funcional, la síntesis de GABA se colapsa y el recién nacido convulsiona desde las primeras horas de vida, sin responder a ningún anticonvulsivo estándar. El diagnóstico —y la prueba terapéutica— consiste en administrar 100 mg de piridoxina intravenosa: en minutos, las convulsiones ceden.

Es uno de los diagnósticos terapéuticos más dramáticos de la neurología neonatal.

Demasiada vitamina B6: la neuropatía por piridoxina

La vitamina B6 es uno de los pocos B vitamínicos con toxicidad neurológica bien documentada en humanos. Las dosis crónicas altas de piridoxina producen hormigueo, entumecimiento y pérdida de sensibilidad en manos y pies, con afectación posterior de la coordinación y la marcha —la neuropatía sensorial periférica—. La paradoja es llamativa: el mismo cuadro aparece tanto en la deficiencia como en el exceso.

Los mecanismos son distintos. En el déficit, la falta de PLP impide la síntesis normal de los componentes de los nervios y su mantenimiento. En el exceso, la piridoxina libre en concentraciones muy superiores a las normales daña directamente las neuronas sensoriales de los grupos de cuerpos neuronales junto a la médula espinal que reciben y transmiten todas las señales sensoriales del cuerpo —los ganglios de la raíz dorsal—, que carecen del sistema de protección que aísla el tejido nervioso de los vasos sanguíneos —la barrera hematoneural—, presente en otras neuronas. Es toxicidad directa, no metabólica.

Las dosis que producen daño en los estudios son típicamente superiores a 200 mg/día mantenidos durante meses; hay casos reportados con 100 mg/día durante periodos prolongados. La EFSA fijó el nivel máximo tolerable en 25 mg/día con un margen de seguridad amplio. Con ese límite, el riesgo de neuropatía con suplementos estándar es prácticamente nulo.

El escenario clínico más frecuente no es la sobredosis accidental: son personas que toman suplementos en dosis altas durante meses para el síndrome premenstrual, el síndrome del túnel carpiano o las náuseas del embarazo, sin supervisión médica, y desarrollan síntomas neurológicos que a veces se atribuyen erróneamente a neuropatía diabética o a déficit de B12.

La recuperación es lenta. En algunos casos, incompleta.

¿Qué ocurre si falta vitamina B6?

El déficit de vitamina B6 rara vez se produce de forma aislada; suele acompañar a carencias de otras vitaminas del grupo B o a condiciones que reducen la activación del PLP.

Los síntomas más característicos incluyen la neuropatía sensorial periférica, una inflamación escamosa de la piel alrededor de la boca —la dermatitis seborreica perioral—, grietas y úlceras en las comisuras de los labios —la queilosis angular—, una lengua de color rojo intenso y aspecto liso —la glositis—, y un estado de ánimo depresivo o irritable derivado de la síntesis reducida de serotonina y GABA. En déficits intensos aparecen glóbulos rojos más pequeños de lo normal y con menor contenido de hemoglobina —la anemia microcítica hipocrómica—, producida por la alteración en la síntesis del grupo hemo, que puede ser indistinguible al microscopio de la anemia por falta de hierro —la anemia ferropénica—, pero con reservas de hierro normales.

El fármaco que más déficits de B6 produce en el mundo es el antibiótico de primera línea para la tuberculosis —la isoniazida (INH)—. La INH compite con el PLP y forma con él un compuesto estable que bloquea el PLP e impide que actúe como cofactor —un hidrazona inactivo—, lo que reduce drásticamente los niveles de PLP en los tejidos. Todos los protocolos de tratamiento de tuberculosis incluyen la suplementación rutinaria con vitamina B6 (25–50 mg/día) para prevenir la neuropatía inducida por INH. Los anticonceptivos orales y algunos antiepilépticos también aceleran el catabolismo del PLP y pueden comprometer el estado de vitamina B6 en usuarias crónicas.

La vitamina B2 también forma parte de este sistema: la enzima que convierte las formas inactivas de B6 en PLP —la piridoxamina fosfato oxidasa— requiere la forma activa de la vitamina B2 como cofactor. Un déficit de riboflavina puede producir un déficit funcional de B6 aunque la ingesta de piridoxina sea suficiente. La cadena de dependencias entre las vitaminas del grupo B es más extensa de lo que sugiere su presentación individual.

La exploración clínica de la neuropatía por déficit de B6 es idéntica a la de la neuropatía por exceso. La diferencia la da el historial del paciente.


Fuentes: EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA). Dietary reference values for vitamin B6. EFSA Journal. 2016. · Schaumburg H et al. Sensory neuropathy from pyridoxine abuse. A new megavitamin syndrome. N Engl J Med. 1983.

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