Vitamina B6

Vitamina B6: es el cofactor de más de 160 reacciones enzimáticas; esencial para los neurotransmisores y con toxicidad neurológica documentada a dosis altas.

Vitamina B6

En los primeros años de la década de 1950, varios hospitales de Estados Unidos empezaron a recibir bebés con convulsiones inexplicables. Los niños tenían buen aspecto general, crecían con normalidad y no respondían a ninguno de los anticonvulsivos disponibles. La causa tardó en aparecer: todos habían sido alimentados exclusivamente con la misma fórmula infantil comercial, que había pasado por un proceso de esterilización térmica más intenso de lo habitual. El calor había destruido casi toda la vitamina B6 del preparado. Cuando los médicos administraron piridoxina a los bebés afectados, las convulsiones cesaron en minutos. Por primera vez se había visto que la diferencia entre un cerebro que funciona y uno que falla puede ser simplemente una vitamina.

Lo que aquel episodio mostró tiene implicaciones que van más allá de la pediatría. La vitamina B6 es la vitamina que actúa como pieza auxiliar en más reacciones del grupo B —el cofactor con mayor número de reacciones descritas—, más de 160, y su deficiencia no produce una sola enfermedad reconocible: deteriora simultáneamente la síntesis de neurotransmisores, la fabricación de los glóbulos rojos y el procesado de los aminoácidos. Pero tiene una particularidad que no comparte ninguna otra vitamina del grupo: la dosis alta también hace daño. El déficit y el exceso producen el mismo síntoma, y la dosis que lo produce por exceso está al alcance de suplementos que se venden sin receta.

La vitamina B6 no es un único compuesto: es una familia de seis moléculas —piridoxina, piridoxal, piridoxamina y sus formas 5’-fosfato— que tu organismo convierte en la forma en que actúa: el piridoxal-5’-fosfato (PLP). El PLP funciona como cofactor en más de 160 reacciones enzimáticas, la mayoría relacionadas con el procesado de los aminoácidos en tu cuerpo —su metabolismo—, pero con presencia en procesos que van desde la síntesis de neurotransmisores hasta la fabricación de los glóbulos rojos. Es una vitamina hidrosoluble cuyo déficit —y cuyo exceso— puede producir daño en los nervios de tus extremidades.

¿Para qué sirve la vitamina B6?

El PLP puede participar en 160 reacciones tan distintas porque siempre usa el mismo mecanismo: forma con los aminoácidos un tipo de enlace que los hace mucho más fáciles de transformar —las bases de Schiff—. Ese mismo mecanismo, repetido con variaciones, es la base de funciones tan distintas como sintetizar serotonina, fabricar glóbulos rojos o liberar glucosa del músculo.

Transaminación. Cuando el cuerpo necesita construir un aminoácido o procesar uno que ya no necesita, lo hace transfiriéndole o quitándole el grupo que lo identifica como aminoácido —el grupo amino—. Las enzimas que hacen esa transferencia —las aminotransferasas— dependen de PLP, y son tan importantes en el metabolismo que dos de ellas —la alanina aminotransferasa (ALT) y la aspartato aminotransferasa (AST)— aparecen en cualquier análisis de sangre rutinario como marcadores de daño hepático.

El PLP también es necesario para sintetizar glucosa a partir de aminoácidos cuando no hay hidratos de carbono disponibles —la gluconeogénesis—.

Síntesis de neurotransmisores. El PLP cataliza el paso final que convierte los precursores inactivos en los mensajeros químicos del cerebro —la decarboxilación—. Sin PLP, el sistema nervioso no puede producir la serotonina, la dopamina y los principales neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, el sueño y la actividad neuronal a la velocidad que requiere. Por la importancia clínica de esta función, la sección siguiente la desarrolla en detalle.

Síntesis del grupo hemo. Tu organismo necesita hierro para transportar oxígeno en sangre, pero el hierro no viaja solo: se encaja en un anillo molecular que lo sujeta y lo mantiene funcional —el grupo hemo—.

La primera enzima del proceso que fabrica ese anillo —la aminolevulinato sintasa (ALAS)— usa PLP para dar el primer paso de síntesis. Sin ese primer paso, ni la proteína que transporta oxígeno en los glóbulos rojos —la hemoglobina— ni su equivalente en el músculo —la mioglobina— pueden formarse correctamente.

Glucogenólisis muscular. El músculo guarda una reserva de azúcar en forma de una cadena compacta de glucosas —el glucógeno— para tener combustible disponible rápidamente durante el ejercicio. La enzima que desmonta esa reserva cuando se necesita —la glucógeno fosforilasa— tiene PLP incorporado en su estructura. Aquí el PLP no actúa como el elemento que activa las reacciones sobre aminoácidos —el catalizador—: simplemente estabiliza la forma de la enzima para que pueda hacer su trabajo. Es una de sus pocas funciones completamente ajenas al metabolismo de los aminoácidos.

Metabolismo de la homocisteína. Las células producen como subproducto de su actividad normal un aminoácido que, cuando se acumula en sangre, daña las paredes de los vasos sanguíneos —la homocisteína—. El principal mecanismo para eliminarlo empieza con una enzima que depende de PLP: la cistationina beta-sintasa (CBS).

Esa reacción inicia el proceso de transformación de la homocisteína en cisteína —la vía de la transulfuración—. Un déficit de vitamina B6 puede elevar los niveles de homocisteína en sangre independientemente del estado de vitamina B12 o ácido fólico, añadiendo un componente de riesgo cardiovascular propio.

El PLP no falla en una reacción a la vez: cuando su concentración baja, todos los procesos que dependen de él se resienten al mismo tiempo.

¿Cuánta vitamina B6 necesitas?

La EFSA fija los valores de referencia para la vitamina B6 tomando como marcador la concentración plasmática de PLP en ayunas:

GrupoIngesta de referencia (EFSA)
Embarazo1,8 mg/día
Lactancia1,8 mg/día
Adultos (hombres y mujeres)1,7 mg/día
Adolescentes 15–171,6 mg/día
Niños 10–141,2 mg/día
Niños 7–91,0 mg/día
Niños 4–60,7 mg/día
Niños 1–30,6 mg/día

Fuente: EFSA 2016.

La EFSA establece un nivel máximo tolerable de 25 mg/día para la vitamina B6 procedente de suplementos y productos enriquecidos. Es uno de los pocos B vitamínicos con un límite toxicológico establecido. Las dosis crónicas altas producen, paradójicamente, el mismo síntoma que el déficit: daño en los nervios sensoriales de las extremidades —la neuropatía sensorial periférica—, un fenómeno suficientemente documentado como para que la cifra de 25 mg/día sea una advertencia real.

Fuentes alimentarias de piridoxina

La vitamina B6 está presente en una amplia variedad de fuentes:

De origen animal (piridoxal y piridoxamina principalmente): son las formas que el cuerpo aprovecha con más facilidad —las más biodisponibles—.

De origen vegetal (principalmente piridoxina): son algo menos aprovechables porque parte de la piridoxina está unida a moléculas de azúcar que reducen su absorción —los glucósidos—, algo especialmente marcado en las patatas.

AlimentoVitamina B6 por cada 100 g
Semillas de girasol (crudas)1,3 mg
Hígado de ternera (cocido)1,0 mg
Pechuga de pollo (cocida)0,9 mg
Atún fresco (cocido)0,9 mg
Salmón del Atlántico (cocido)0,8 mg
Garbanzos cocidos0,5 mg
Patata cocida0,3 mg
Plátano0,3 mg
Pan integral0,2 mg
Espinacas cocidas0,2 mg

Valores aproximados. Fuente: USDA FoodData Central.

La cocción prolongada y el procesado industrial degradan la vitamina B6.

La vitamina B6 y la síntesis de neurotransmisores

El PLP cataliza el último paso de síntesis de los neurotransmisores más importantes del sistema nervioso central. El esquema es siempre el mismo: un aminoácido precursor se transforma primero en un intermediario, y ese intermediario sufre la decarboxilación dependiente de PLP para convertirse en el mensajero activo.

Serotonina. El triptófano se convierte primero en un intermediario —el 5-hidroxitriptófano (5-HTP)—, y la enzima que usa PLP para dar el último paso —la descarboxilasa de aminoácidos aromáticos— lo transforma en serotonina. La serotonina regula el sueño, el apetito, el estado de ánimo y la capacidad del intestino de mover su contenido —la motilidad intestinal—.

Dopamina y catecolaminas. La tirosina se convierte en el compuesto intermedio que precede directamente a la dopamina —la L-DOPA—, y la misma descarboxilasa de aminoácidos aromáticos, usando PLP, completa la conversión. La dopamina es precursora de las hormonas que el organismo libera en situaciones de estrés y alerta —la noradrenalina y la adrenalina—.

GABA. La enzima que convierte el glutamato en el ácido gamma-aminobutírico (GABA) —el principal mensajero que frena la actividad neuronal del cerebro— es la glutamato descarboxilasa, y depende de PLP para funcionar. Sin niveles adecuados de PLP, la síntesis de GABA se reduce y el equilibrio entre activación e inhibición neuronal se resiente. Fue exactamente eso lo que convulsionaba a los bebés de 1952.

Histamina. La histidina se transforma mediante una descarboxilasa dependiente de PLP en el mensajero implicado en la respuesta inmune, la inflamación y la secreción gástrica —la histamina—.

Que el PLP sea imprescindible para todos estos neurotransmisores tiene consecuencias clínicas directas.

La más conocida en la práctica habitual es el tratamiento de las náuseas del embarazo. La vitamina B6 —en dosis de 10 a 25 mg tres veces al día— es el tratamiento farmacológico de primera línea en numerosas guías obstétricas para las náuseas y los vómitos del primer trimestre. El mecanismo no está del todo establecido; la hipótesis más aceptada es que interviene la modulación de la serotonina en el tracto digestivo y el GABA en el control central del reflejo nauseoso.

La más llamativa es la epilepsia dependiente de piridoxina (EDP). Una mutación en el gen ALDH7A1 bloquea el proceso con el que el cuerpo descompone la lisina —su catabolismo—, lo que lleva a la acumulación de un metabolito que inactiva el PLP en el cerebro. Sin PLP funcional, la síntesis de GABA se colapsa y el recién nacido convulsiona desde las primeras horas de vida, sin responder a ningún anticonvulsivo estándar.

El diagnóstico —y la prueba terapéutica— consiste en administrar 100 mg de piridoxina intravenosa: en minutos, las convulsiones ceden.

Es uno de los diagnósticos terapéuticos más dramáticos de la neurología neonatal.

Demasiada vitamina B6: la neuropatía por piridoxina

La vitamina B6 es uno de los pocos B vitamínicos con toxicidad neurológica bien documentada en humanos. Las dosis crónicas altas de piridoxina producen hormigueo, entumecimiento y pérdida de sensibilidad en manos y pies, con afectación posterior de la coordinación y el caminar —la neuropatía sensorial periférica—. La paradoja es llamativa: el mismo cuadro aparece tanto en la deficiencia como en el exceso.

Los mecanismos son distintos. En el déficit, la falta de PLP impide la síntesis normal de los componentes de los nervios y su mantenimiento.

En el exceso, la piridoxina libre en concentraciones muy superiores a las normales daña directamente las neuronas sensoriales de los grupos de cuerpos neuronales junto a la médula espinal que reciben y transmiten todas las señales sensoriales del cuerpo —los ganglios de la raíz dorsal—, que carecen del sistema de protección que aísla el tejido nervioso de los vasos sanguíneos —la barrera hematoneural—, presente en otras neuronas. Es toxicidad directa, no metabólica.

Las dosis que producen daño en los estudios son típicamente superiores a 200 mg/día mantenidos durante meses; hay casos reportados con 100 mg/día durante periodos prolongados. La EFSA fijó el nivel máximo tolerable en 25 mg/día con un margen de seguridad amplio. Con ese límite, el riesgo de neuropatía con suplementos estándar es prácticamente nulo.

El escenario clínico más frecuente no es la sobredosis accidental: son personas que toman suplementos en dosis altas durante meses para el síndrome premenstrual, el síndrome del túnel carpiano o las náuseas del embarazo, sin supervisión médica, y desarrollan síntomas neurológicos que a veces se atribuyen erróneamente a neuropatía diabética o a déficit de B12.

La recuperación es lenta. En algunos casos, incompleta.

Para mí, este es el riesgo más subestimado de los suplementos de vitaminas B: parecen tan inocuos que nadie piensa que la dosis pueda importar.

Déficit de vitamina B6 y grupos de riesgo

El déficit de vitamina B6 rara vez se produce de forma aislada; suele acompañar a carencias de otras vitaminas del grupo B o a condiciones que reducen la activación del PLP.

Los síntomas más característicos incluyen la neuropatía sensorial periférica, una inflamación escamosa de la piel alrededor de la boca —la dermatitis seborreica perioral—, grietas y úlceras en las comisuras de los labios —la queilosis angular—, una lengua de color rojo intenso y aspecto liso —la glositis—, y un estado de ánimo depresivo o irritable derivado de la síntesis reducida de serotonina y GABA.

En déficits intensos aparecen glóbulos rojos más pequeños de lo normal y con menor contenido de hemoglobina —la anemia microcítica hipocrómica—, producida por la alteración en la síntesis del grupo hemo, que puede ser indistinguible al microscopio de la anemia por falta de hierro —la anemia ferropénica—, pero con reservas de hierro normales.

Los grupos con mayor riesgo son:

Personas en tratamiento con isoniazida. El antibiótico de primera línea para la tuberculosis —la isoniazida (INH)— forma con el PLP un compuesto estable que lo bloquea e impide que actúe como cofactor —un hidrazona inactivo—, lo que reduce drásticamente los niveles de PLP en los tejidos. Todos los protocolos de tratamiento de tuberculosis incluyen la suplementación rutinaria con vitamina B6 —25 a 50 mg al día— para prevenir la neuropatía inducida por INH.

Mujeres que toman anticonceptivos orales de forma crónica. Los estrógenos aceleran el catabolismo del PLP y pueden comprometer el estado de vitamina B6 en usuarias de larga duración. Algunos antiepilépticos tienen el mismo efecto.

Personas con alcoholismo crónico. El alcohol interfiere con la absorción y el metabolismo de prácticamente todas las vitaminas del grupo B, y la B6 no es una excepción.

La vitamina B2 también forma parte de este sistema: la enzima que convierte las formas inactivas de B6 en PLP —la piridoxamina fosfato oxidasa— requiere la forma activa de la vitamina B2 como cofactor. Un déficit de riboflavina puede producir un déficit funcional de B6 aunque la ingesta de piridoxina sea suficiente.

Como se ve, la cadena de dependencias entre las vitaminas del grupo B es muy extensa.


Referencias

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