Vitamina B3
Vitamina B3: es la niacina, la coenzima del metabolismo energético; produce pelagra en su déficit y a dosis altas sube el HDL sin reducir el riesgo real.
En el siglo XVI, el maíz cruzó el Atlántico desde México hasta Europa en los barcos de los conquistadores españoles. Lo que no viajó fue la técnica con la que los pueblos mesoamericanos lo preparaban desde hacía tres mil años: remojar el grano durante horas en una solución alcalina de cal viva antes de cocinarlo —un proceso que los aztecas llamaban nixtamalli y que hoy conocemos como nixtamalización—. Esa omisión involuntaria liberó una epidemia. A medida que el maíz sin tratar se convertía en el sustento principal de los pobres rurales de España, Italia y el sur de Francia —y más tarde del sur de Estados Unidos—, millones de personas desarrollaron una enfermedad de síntomas violentos cuya causa tardó tres siglos en comprenderse. La respuesta, siempre, estaba en la cal.
Entre 1900 y 1940, solo en el sur de Estados Unidos, la enfermedad afectó a más de tres millones de personas y mató a cientos de miles. Se llamaba pelagra —pelle agra en italiano, piel áspera—, y en las regiones más afectadas llegó a ser la principal causa de ingreso psiquiátrico, porque su forma avanzada produce alucinaciones y demencia que se confundían con esquizofrenia. Lo que la causaba era un déficit de una vitamina que el maíz contiene pero que sin cal alcalina no puede absorberse. Esa vitamina es la B3. Y tiene, además, una cara oculta: a dosis cien veces superiores a las nutricionales modifica el colesterol en sangre con una potencia que ningún otro nutriente iguala —y esa historia también tiene su final sorprendente—.
La vitamina B3, también llamada niacina, es una vitamina hidrosoluble que actúa en el cuerpo en dos formas activas que funcionan como portadores de energía química y mueven los electrones entre reacciones: una molécula base —el nicotinamida adenina dinucleótido (NAD⁺)— y una versión con un grupo fosfato adicional —el nicotinamida adenina dinucleótido fosfato (NADP⁺)—. Son las moléculas de apoyo que las enzimas usan para transportar energía de unas reacciones a otras —las coenzimas de transferencia de energía— más abundantes en la célula.
Y la niacina tiene un rasgo que ninguna otra vitamina B comparte: tu organismo puede fabricarla a partir de un aminoácido esencial —el triptófano—, aunque la conversión es ineficiente: se necesitan 60 mg de triptófano para producir 1 mg de niacina.
¿Para qué sirve la vitamina B3?
El NAD⁺ y el NADP⁺ no tienen un solo trabajo: son los intermediarios de prácticamente todos los procesos en los que el cuerpo transforma los nutrientes en energía o los consume. Donde hay reacción que transforma un nutriente en otro, hay NAD⁺. Lo más importante se concentra en tres funciones.
Metabolismo energético. Para que los nutrientes que comes se conviertan en energía utilizable por tus órganos y músculos, la glucosa y las grasas pasan por una serie de procesos de descomposición. El NAD⁺ recoge los electrones liberados en cada una de ellas: en el mecanismo que descompone la glucosa en el citoplasma celular —la glucólisis—, en el ciclo de reacciones que extrae energía de los nutrientes dentro de las mitocondrias —el ciclo de Krebs— y en el proceso que descompone las grasas en trozos de dos carbonos —la beta-oxidación—.
El NAD⁺ con todos esos electrones recogidos —el NADH— los lleva hasta el interior de la mitocondria, donde su energía se usa para fabricar la molécula que la célula utiliza como moneda de energía —el ATP—. Sin NAD⁺, ninguno de estos procesos puede darse.
La construcción de nuevas moléculas y la protección celular. Cuando el NADP⁺ recoge electrones —y se convierte en NADPH— actúa en la dirección opuesta: no extrae energía, sino que la aporta para construir. Alimenta la síntesis de ácidos grasos y de esteroides como el colesterol y las hormonas sexuales. También regenera el principal escudo antioxidante dentro de la célula —el glutatión— y alimenta a las enzimas que el hígado usa para convertir fármacos, hormonas y tóxicos en formas que la orina puede excretar —los citocromos P450—.
Reparación del ADN y envejecimiento. Para una célula, el NAD⁺ no es solo una coenzima energética: también es el combustible que consumen los sistemas de mantenimiento celular, y ese combustible se va agotando con los años. La enzima que detecta y repara roturas en la cadena del ADN —la poli-ADP-ribosa polimerasa (PARP)— consume NAD⁺ en cada reparación. Unas enzimas reguladoras del metabolismo celular y la longevidad —los sirtuinos (SIRT1–7)— también lo consumen en cada reacción que realizan —en cada ciclo catalítico—.
Los niveles de NAD⁺ caen aproximadamente un 50 % entre los 20 y los 50 años, y esa caída se ha relacionado con los signos físicos que acompañan al envejecimiento: menos energía, peor reparación celular, metabolismo más lento. Las sustancias que el cuerpo puede convertir en NAD⁺ —el mononucleótido de nicotinamida (NMN) y el ribósido de nicotinamida (NR)— se investigan como posibles frenos al envejecimiento, pero los ensayos en personas son aún insuficientes para saber si funcionan.
A los 50 años, las células tienen la mitad del NAD⁺ que tenían a los 20.
¿Cuánta vitamina B3 necesitas?
Las necesidades de niacina se expresan en una unidad que integra tanto la niacina dietética como la que tu organismo sintetiza a partir del triptófano —los equivalentes de niacina (EN)—. 1 EN = 1 mg de niacina = 60 mg de triptófano. Esta conversión requiere vitamina B2 (riboflavina) y vitamina B6 como cofactores; un déficit de riboflavina reduce la niacina que tu cuerpo puede fabricar por sí solo, aunque el triptófano no falte.
| Grupo | Ingesta de referencia (EFSA) |
|---|---|
| Adultos hombres | 16,5 mg EN/día |
| Lactancia | 16,5 mg EN/día |
| Adolescentes 15–17 (hombres) | 15,2 mg EN/día |
| Embarazo | 14,8 mg EN/día |
| Adultos mujeres | 13,2 mg EN/día |
| Niños 7–14 | 9,0–13,0 mg EN/día |
| Adolescentes 15–17 (mujeres) | 12,0 mg EN/día |
| Niños 1–6 | 5,0–7,5 mg EN/día |
Fuente: EFSA 2014.
La EFSA establece un nivel máximo tolerable de 10 mg/día para la forma de niacina que provoca vasodilatación —el ácido nicotínico— procedente de suplementos o productos enriquecidos. Para la forma que no produce ese efecto —la nicotinamida—, el umbral tolerable sube hasta los 900 mg/día. La diferencia refleja perfiles de seguridad completamente distintos entre las dos formas.
Fuentes alimentarias de niacina
La niacina se concentra en carnes, pescados, frutos secos y cereales integrales. Los valores son de niacina ya presente en el alimento; la contribución del triptófano añade un margen adicional en dietas ricas en ese aminoácido:
| Alimento | Niacina preformada por cada 100 g |
|---|---|
| Atún fresco (cocido) | 16 mg |
| Pechuga de pollo (cocida) | 14 mg |
| Hígado de ternera (cocido) | 14 mg |
| Cacahuetes tostados | 13 mg |
| Salmón del Atlántico (cocido) | 8 mg |
| Semillas de girasol (crudas) | 8 mg |
| Champiñones (crudos) | 4 mg |
| Pan integral | 4 mg |
| Lentejas cocidas | 1 mg |
| Garbanzos cocidos | 0,5 mg |
Valores aproximados. Fuente: USDA FoodData Central.
El maíz merece una mención aparte. Su contenido de niacina no es despreciable en términos cuantitativos, pero está unida a polisacáridos en una forma que el intestino no puede absorber —la niacitina—. El tratamiento alcalino que los pueblos mesoamericanos aplicaban al maíz desde hace milenios —la nixtamalización, que consiste en cocer el grano en solución de cal viva— libera esa niacina y la hace biodisponible. Las culturas que adoptaron el maíz sin adoptar la nixtamalización pagaron el precio. Es la historia de la pelagra —y también parte de la historia que se cuenta en la página cereales sin gluten, el grupo de cereales al que pertenece el maíz—.
Pelagra: la enfermedad del maíz y el error epidémico
A principios del siglo XX, el sur de Estados Unidos vivió una de las crisis de salud pública más devastadoras de su historia. La pelagra —conocida por sus cuatro «D»: dermatitis, diarrea, demencia y, sin tratamiento, death— afectó a más de tres millones de personas y mató a cientos de miles entre 1900 y 1940. La causa era la dieta: maíz sin nixtamalizar como sustento principal, sin apenas carne ni pescado.
La enfermedad era incomprendida. Las autoridades médicas sostenían que era infecciosa, y los estados del sur rechazaban la hipótesis dietética porque admitirla significaba reconocer la pobreza extrema de su población. En 1914, Joseph Goldberger, médico del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos, llegó a una conclusión diferente observando un patrón que a nadie más le había llamado la atención: el personal sanitario de los hospitales donde había pelagra nunca enfermaba, pero los pacientes internos sí. Si fuera infecciosa, los médicos y enfermeras también estarían afectados.
Goldberger demostró la causa dietética con una serie de experimentos que hoy serían imposibles de replicar éticamente. Alimentó a presos voluntarios con la dieta del sur y reprodujo la pelagra. Después la curó añadiendo carne y legumbres. Para demostrar que no era contagiosa, él y sus colaboradores se inyectaron sangre de pacientes con pelagra, ingirieron sus secreciones y frotaron costras de sus lesiones sobre su propia piel.
Nadie enfermó.
Los signos clínicos son inconfundibles. La dermatitis de la pelagra aparece en la piel expuesta al sol con un patrón simétrico —una lesión que rodea el cuello como un pañuelo, el collar de Casal— y deja una pigmentación oscura y descamación. La lengua se vuelve roja, brillante y dolorosa —la glositis—. El daño neurológico incluye depresión, desorientación, alucinaciones y, en fases avanzadas, síntomas que pueden confundirse con esquizofrenia. Sin tratamiento, es mortal.
La pelagra sigue existiendo. Aparece en campos de refugiados con dietas monótonas a base de maíz sin tratar, en personas con alcoholismo grave y en pacientes con enfermedades que impiden la absorción del triptófano o la niacina.
La absorción de la niacina
Tu intestino absorbe la niacina dietética en el tramo superior del intestino delgado con gran eficiencia a las cantidades que aporta la dieta normal. El organismo no la almacena como reserva independiente: mantiene en cambio una reserva activa de NAD⁺ y NADP⁺ que usa y repone de forma continua en cada célula. Lo que sobra se excreta por la orina, pero antes el cuerpo le hace una pequeña modificación química —le añade un fragmento molecular llamado grupo metilo— y la convierte en otra forma —la N-metilnicotinamida—, que es lo que los análisis miden para saber si tienes suficiente niacina.
La biodisponibilidad varía según la fuente. La niacina de la carne, el pescado y los lácteos se absorbe casi en su totalidad. La niacitina del maíz no tratado no puede absorberse sin tratamiento alcalino previo. Y la niacina que el organismo sintetiza a partir del triptófano tiene un límite de eficiencia: se necesitan 60 mg de triptófano para producir 1 mg de niacina, y la conversión requiere vitamina B2 y vitamina B6 como cofactores.
La niacina del triptófano tiene un precio: para producirla hay que gastar B2 y B6.
La niacina como fármaco: dosis altas y colesterol
El ácido nicotínico a dosis de 1 a 3 g diarios —entre 60 y 200 veces la ingesta de referencia— produce efectos sobre los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre que ningún nutriente replica: sube entre un 25 y un 35 % el tipo de colesterol que recoge la grasa sobrante de los tejidos y la lleva al hígado para eliminarla —el HDL—, baja entre un 30 y un 50 % la principal forma de reserva energética que circula en sangre —los triglicéridos—, reduce moderadamente el tipo de colesterol que se deposita en las paredes arteriales —el LDL— y es el único tratamiento disponible que reduce una variante del colesterol especialmente propensa a acumularse en las arterias y cuyo nivel depende casi exclusivamente de la genética —la lipoproteína (a)—.
Durante décadas fue el tratamiento de referencia para los niveles anómalos de colesterol y triglicéridos en sangre —las dislipemias— asociados a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
El efecto secundario más conocido es el enrojecimiento y sensación de calor en cara, cuello y tórax que aparece a los 20–30 minutos de tomar ácido nicotínico y dura entre 30 minutos y una hora —el flushing—. El mecanismo es la activación de un receptor en células de la piel que libera una sustancia inflamatoria —la prostaglandina D2— y produce la dilatación de los vasos sanguíneos superficiales —la vasodilatación—. Tomar una aspirina 30 minutos antes reduce el fenómeno de forma considerable.
Cuando llegaron los ensayos clínicos a gran escala, los resultados sorprendieron a la cardiología. El estudio AIM-HIGH (2011) y el HPS2-THRIVE (2013), con más de 25.000 pacientes entre ambos, no encontraron reducción de infartos ni ictus al añadir niacina a la terapia con los fármacos que reducen la síntesis de colesterol en el hígado —las estatinas—, pese a que los niveles de colesterol y triglicéridos mejoraban en el papel.
Los dos ensayos se interrumpieron antes de tiempo. La FDA retiró en 2016 algunas combinaciones de niacina con estatinas del mercado estadounidense.
Para mí, la lección más importante que dejaron esos estudios va más allá de la niacina: mejorar los números del laboratorio no equivale automáticamente a reducir el riesgo real. El HDL que sube con niacina no se comporta igual que el HDL que sube con ejercicio o que el que tienen de forma natural ciertas personas con variantes genéticas protectoras.
Déficit de vitamina B3 y grupos de riesgo
La deficiencia leve produce fatiga, pérdida de apetito, irritabilidad y dificultad de concentración —síntomas inespecíficos que coinciden con los de otros déficits del grupo B—. La deficiencia grave produce pelagra.
Más allá de la dieta insuficiente, el déficit aparece en contextos específicos:
Personas con dieta a base de maíz sin nixtamalizar. La niacitina del grano no es absorbible sin tratamiento alcalino; sin otras fuentes de niacina o triptófano, el déficit es inevitable.
Personas con alcoholismo crónico. El alcohol compromete la absorción y el metabolismo de todas las vitaminas del grupo B, niacina incluida.
Pacientes con la condición genética que impide absorber triptófano. Una enfermedad rara que bloquea la absorción intestinal y la reabsorción renal del triptófano —la enfermedad de Hartnup— produce un cuadro similar a la pelagra aunque la ingesta de niacina sea normal.
Pacientes con síndrome carcinoide. Un tipo de tumor que produce serotonina en exceso —el síndrome carcinoide— desvía el triptófano disponible hacia esa síntesis en lugar de hacia la producción de niacina.
En todos estos casos, la nicotinamida —la forma de la vitamina que no produce flushing— corrige el déficit de forma eficaz.
La vitamina B3 ocupa un lugar único en la historia de la medicina: su ausencia causó una pandemia de millones de muertes que la epidemiología tardó décadas en descifrar, y sus efectos farmacológicos a grandes dosis enseñaron a la cardiología la distinción entre mejorar un número y mejorar a un paciente.
Referencias
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