Molibdeno

Molibdeno: es el oligoelemento cofactor de cuatro enzimas, clave para neutralizar los sulfitos que dañan el cerebro, con déficit dietético casi imposible.

El molibdeno es un oligoelemento esencial que necesitas en cantidades muy pequeñas: tu cuerpo contiene entre 9 y 10 miligramos en total, distribuidos principalmente en el hígado, los riñones y los huesos. No desempeña funciones estructurales ni actúa como electrolito: toda su importancia biológica reside en ser el metal central de una molécula orgánica que tus células sintetizan activamente y que cuatro enzimas humanas incorporan en su centro activo para poder funcionar —el cofactor de molibdeno, abreviado Moco—. Sin Moco, esas enzimas no pueden catalizar sus reacciones, con consecuencias que van de imperceptibles a devastadoras según cuál de ellas falle.

¿Para qué sirve el molibdeno?

Descomposición de las purinas — La enzima que transforma los subproductos de la degradación de las purinas —los bloques que forman el ADN y el ARN de tus células— en ácido úrico para su excreción urinaria es la xantina oxidasa. Cuando el molibdeno es excesivo y la xantina oxidasa trabaja en exceso, la producción de ácido úrico puede superar la capacidad de excreción del riñón, elevar su nivel en sangre —la uricemia— y producir un síndrome similar a la gota.

Neutralización de los sulfitos — La enzima que convierte los sulfitos (SO₃²⁻) en sulfatos (SO₄²⁻) —mucho menos reactivos y fácilmente excretables— es la sulfito oxidasa. Los sulfitos se generan en tu organismo al metabolizar los aminoácidos azufrados de las proteínas —especialmente la metionina y la cisteína— y también llegan directamente de la dieta: el dióxido de azufre y las sales de sulfito son conservantes habituales en vinos, frutas desecadas y zumos. Si la sulfito oxidasa no funciona, los sulfitos se acumulan en el cerebro y provocan daño neurológico irreversible: es la función del molibdeno con mayor impacto clínico cuando falla.

Procesamiento de fármacos y compuestos reactivos — La enzima que convierte los compuestos orgánicos de cadena corta altamente reactivos —los aldehídos— en formas más solubles que el riñón puede eliminar es la aldehído oxidasa. Actúa principalmente en el hígado y participa en la transformación de numerosos fármacos, lo que la hace relevante para la respuesta que el organismo da a ciertos antivíricos, antipalúdicos y fármacos cardiovasculares.

Reducción de compuestos intermedios — La cuarta enzima dependiente de molibdeno —el componente amidoxima reductor mitocondrial (mARC)— neutraliza formas inestables de ciertos compuestos que el organismo produce o que llegan con los medicamentos, incluyendo la activación de fármacos administrados en forma inactiva que el cuerpo convierte en su forma activa —los profármacos—. Su papel fisiológico completo en humanos no está del todo caracterizado.

¿Cuánto molibdeno necesitas?

La EFSA ha establecido ingestas adecuadas (IA) —no requerimientos medios, porque la evidencia en humanos es insuficiente para construir una curva dosis-respuesta fiable—:

GrupoIngesta adecuada (EFSA)
Adultos65 µg/día
Embarazo65 µg/día
Lactancia85 µg/día
Adolescentes 15–17 años65 µg/día
Adolescentes 12–14 años55 µg/día
Niños 7–11 años45 µg/día
Niños 4–6 años40 µg/día
Niños 1–3 años35 µg/día

La lactancia requiere un aporte algo mayor para compensar las pérdidas en la leche materna. La EFSA ha fijado un nivel máximo tolerable de 600 µg/día para adultos, umbral difícil de alcanzar con la dieta habitual pero relevante en suplementación a dosis elevadas.

Fuentes alimentarias de molibdeno

Las legumbres son con diferencia las fuentes más ricas en molibdeno. Una ración de 200 g de lentejas cocidas puede cubrir por sí sola varias veces lo que necesitas en un día:

AlimentoMolibdeno por 100 g
Hígado de ternera~100 µg
Lentejas cocidas~74 µg
Alubias negras cocidas~60 µg
Garbanzos cocidos~50 µg
Guisantes cocidos~22 µg
Avena~15 µg
Trigo integral~12 µg
Huevo entero~9 µg
Almendras~7 µg

Fuente: USDA FoodData Central. Los valores varían considerablemente según el contenido de molibdeno en el suelo de cultivo.

El dato que condiciona todas estas cifras es el suelo: el molibdeno en los alimentos vegetales refleja directamente la concentración del mineral en la tierra donde crecen. En regiones con suelos pobres en molibdeno —algunas zonas de China, Nueva Zelanda y el sureste asiático— las legumbres y los cereales contienen concentraciones sensiblemente menores. Es uno de los pocos nutrientes en que la geología del lugar de cultivo puede afectar de forma real al aporte dietético.

La absorción del molibdeno

Tu intestino absorbe entre el 40 y el 100 % del molibdeno ingerido, dependiendo de la forma química: los compuestos solubles de molibdeno —los que predominan en legumbres y cereales— se absorben con mayor eficiencia. Los compuestos que en cereales y legumbres dificultan la absorción de otros minerales —los fitatos— no interfieren de forma significativa con el molibdeno, lo que lo distingue del hierro o el cobre.

Tu cuerpo no almacena molibdeno en depósitos apreciables: el exceso lo excretas rápidamente por la orina, de forma proporcional a la ingesta. Esto hace que la toxicidad aguda sea difícil de alcanzar con la dieta y que la regulación sea esencialmente renal.

¿Qué ocurre si falta o sobra molibdeno?

Si falta por dieta: La deficiencia de molibdeno por ingesta insuficiente es prácticamente imposible en personas que consumen cualquier dieta con legumbres o cereales integrales. El único caso documentado de deficiencia adquirida en un adulto se produjo en un paciente con alimentación parenteral total prolongada —intravenosa completa sin suplemento de molibdeno—: desarrolló intolerancia a los sulfitos, elevación de metionina en plasma y reducción de sulfatos en orina, síntomas que revirtieron al añadir molibdeno a la solución parenteral.

Si falta por genética: La enfermedad causada por mutaciones en los genes que sintetizan el Moco —la deficiencia de cofactor de molibdeno (DCMo)— es devastadora: sin cofactor funcional, las cuatro enzimas dependientes de molibdeno fallan simultáneamente. Los recién nacidos afectados presentan una disfunción cerebral grave —la encefalopatía—, convulsiones intratables y daño cerebral progresivo en las primeras semanas de vida. La causa directa es la acumulación de sulfitos que, sin sulfito oxidasa funcional, no pueden convertirse en sulfatos y destruyen el tejido cerebral. Desde 2019, la forma más frecuente de DCMo (tipo A) dispone de un tratamiento aprobado: la administración intravenosa del precursor del cofactor que el cuerpo no puede sintetizar, de por vida.

El déficit dietético es casi imposible. El déficit genético, en cambio, es incompatible con la vida normal.

Si sobra: La ingesta crónica muy elevada —por encima de 10 mg/día, posible en zonas con contaminación industrial de acuíferos— produce un síndrome similar a la gota: la sobreactividad de la xantina oxidasa eleva la producción de ácido úrico, que se deposita en las articulaciones. El exceso de molibdeno también reduce la absorción de cobre: ambos compiten por los mismos canales de absorción intestinal, y una ingesta muy alta de molibdeno puede inducir déficit de cobre.

Las lentejas de tu plato aportan más molibdeno del que tu cuerpo necesita en un día porque la planta lo extrajo del suelo donde creció. Ese mismo suelo permite a las bacterias de los nódulos radiculares fijar el nitrógeno del aire gracias a la enzima que cataliza esa reacción —la nitrogenasa—, que también depende del molibdeno. El mineral que hace posible la fertilidad del suelo y la fijación del nitrógeno en la agricultura es el mismo que tus células usan para neutralizar los sulfitos que dañarían tu cerebro.


Fuentes: EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA). Dietary reference values for molybdenum. EFSA Journal. 2013.

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