Lisina

Lisina: es el aminoácido esencial limitante en los cereales; funciones en el colágeno y la carnitina, relación con el calcio, fuentes y suplementación.

Lisina

A finales de los años setenta, un estudio en dermatología llegó a una conclusión que parecía demasiado simple: tomar un aminoácido en dosis altas reducía los brotes de herpes labial. No porque neutralizara el virus, sino porque ese aminoácido compite con lo que el virus necesita para reproducirse. Era la lisina.

Que la lisina tuviera algo que decirle al herpes era inesperado. Lo que ya no sorprende, una vez que entiendes su papel, es que las culturas que combinaron legumbres con cereales —lentejas con arroz, garbanzos con pan, alubias con tortilla de maíz— estaban resolviendo, sin saberlo, el mayor problema nutricional de los granos: la lisina es el aminoácido que más escasea en los cereales, y sin legumbres que la aporten, tu cuerpo no puede aprovechar toda la proteína que comes.

La lisina es uno de los nueve aminoácidos esenciales que tu cuerpo no puede fabricar y necesita obtener de la dieta. Tres funciones principales la distinguen: participa en la construcción del colágeno —la proteína más abundante de tu cuerpo—, en la producción de la molécula que introduce las grasas en tus centrales de energía celular, y en la absorción del calcio en los huesos.

¿Cuánta lisina necesitas?

La OMS establece una necesidad media de 30 mg por cada kg de peso corporal al día en adultos. Si pesas 70 kg, son unos 2.100 mg diarios, una cantidad que cubre con facilidad cualquier dieta que incluya proteína de calidad.

¿Para qué sirve la lisina?

Síntesis de colágeno. El colágeno es la proteína más abundante de tu cuerpo: forma tendones, ligamentos, piel, huesos y vasos sanguíneos. Para que sea resistente, sus cadenas necesitan entrelazarse entre sí formando puentes. La lisina actúa como el punto de anclaje donde ocurren esos puentes.

Para cumplir esa función, la lisina debe ser transformada primero. Una enzima especializada —la lisil oxidasa— la convierte en una forma modificada de sí misma —la hidroxilisina—, que es la que puede crear los puentes cruzados entre fibras. Sin suficiente lisina, el colágeno se fabrica pero pierde resistencia.

Síntesis de carnitina. La carnitina es la molécula que transporta las grasas desglosadas por la digestión —los ácidos grasos— al interior de las centrales energéticas de tus células —las mitocondrias— para convertirlos en energía. Tu organismo la fabrica a partir de lisina y metionina, con la ayuda de la vitamina C, la vitamina B3 y la vitamina B6. Con niveles bajos de lisina, la producción de carnitina cae y con ella la capacidad de quemar grasas como fuente de energía.

Absorción del calcio. La lisina mejora la absorción intestinal del calcio y reduce su pérdida a través de la orina. Ese doble efecto —entrar más, perder menos— la convierte en un factor relevante para el proceso por el que el calcio se deposita en los huesos —la mineralización ósea—, aunque el mecanismo exacto no se ha aclarado del todo.

Sistema inmunitario. Las proteínas especializadas que tu sistema inmunitario fabrica para reconocer y neutralizar virus y bacterias —los anticuerpos— necesitan lisina como componente estructural. Con niveles bajos, la respuesta inmune ante infecciones y vacunas pierde eficacia.

La lisina no es el aminoácido más conocido, pero pocas moléculas de la dieta tocan al mismo tiempo el colágeno, el metabolismo de las grasas, los huesos y las defensas.

Fuentes alimentarias de lisina

La lisina abunda en las proteínas de origen animal y en las legumbres, y escasea en los cereales.

AlimentoLisina por cada 100 g
Queso parmesano3.300 mg
Atún (fresco, cocido)2.600 mg
Pechuga de pollo (cocida)2.400 mg
Salmón del Atlántico (cocido)2.300 mg
Lentejas cocidas650 mg
Garbanzos cocidos530 mg
Arroz blanco cocido110 mg
Pan de trigo90 mg

Fuente: USDA FoodData Central. Valores aproximados.

La diferencia entre legumbres y cereales es muy marcada: las lentejas tienen seis veces más lisina que el arroz; el parmesano, treinta. Por eso la combinación tradicional legumbre + cereal complementa los perfiles de aminoácidos: las legumbres aportan la lisina que los cereales no tienen; los cereales aportan la metionina que escasea en las legumbres.

La lisina como aminoácido limitante en los cereales

Cada fuente de proteína tiene un punto débil: el aminoácido que está presente en menor proporción respecto a las necesidades humanas y que, por eso, pone un techo al aprovechamiento del resto. A ese aminoácido se le llama limitante.

En el trigo, el arroz y el maíz, ese aminoácido es la lisina.

Esto tiene consecuencias prácticas para quien basa su dieta principalmente en cereales con poca proteína animal o legumbre: aunque consumas suficientes gramos de proteína en total, la lisina puede convertirse en el cuello de botella que limita cuánta de esa proteína puede usar tu cuerpo. No es que el arroz sea una mala fuente de proteína. Es que por sí solo no da todo lo que necesitas.

Lisina y herpes labial

Existe evidencia clínica —modesta pero consistente— de que la suplementación con L-lisina puede reducir la frecuencia y la duración de los brotes del virus que causa el herpes labial —el virus herpes simple (VHS-1)—.

El mecanismo propuesto es la competencia directa entre dos aminoácidos. La lisina y un aminoácido que el virus necesita para replicarse —la arginina— comparten la misma proteína que los transporta a través de la pared intestinal y de las membranas celulares. Cuando abunda la lisina, llega menos arginina a las células. Y con menos arginina, el virus tiene menos material para reproducirse.

La lisina no ataca el virus: le corta el suministro.

Varios ensayos clínicos han mostrado que dosis de 1.000 a 3.000 mg al día reducen la frecuencia de brotes en personas propensas. Los resultados no son uniformes: algunos estudios no encuentran diferencia significativa frente a placebo. Creo que la evidencia es suficiente para considerarla una opción razonable en personas con brotes frecuentes, pero no para etiquetarla como tratamiento definitivo.

La misma lógica lleva a reducir las fuentes ricas en arginina durante un brote activo —chocolate negro, frutos secos, semillas de girasol—, aunque la evidencia sobre este punto es menos sólida.

Suplementación con lisina

L-lisina para el herpes labial. La dosis estudiada es de 1.000 a 3.000 mg al día en personas propensas a brotes. El protocolo y los matices de la evidencia se describen en la sección anterior.

L-lisina como soporte del colágeno. Se combina en dosis bajas —500 a 1.000 mg al día— con vitamina C, con la que comparte el proceso de síntesis del colágeno. No hay muchos estudios que prueben específicamente esta combinación, aunque lo que se sabe de cómo actúa cada uno apunta en esa dirección.

En las dosis habituales, el cuerpo la tolera sin problemas. A partir de 10 g al día pueden aparecer diarrea y dolor de estómago. No se conocen problemas con medicamentos habituales, salvo lo ya explicado sobre la competencia con la arginina.

¿Qué ocurre si te falta lisina?

La deficiencia aislada de lisina es rara en dietas variadas. Puede aparecer en personas que consumen dietas muy basadas en cereales refinados sin apenas legumbres, huevos, lácteos ni carne. Los signos descritos incluyen fatiga, pérdida de apetito, náuseas y retraso del crecimiento en niños; en casos graves, alteraciones en la síntesis de colágeno.

Las poblaciones históricas con mayor riesgo eran las que subsistían casi exclusivamente de maíz. El maíz tiene la menor concentración de lisina de los cereales de uso extendido. Cuando se convierte en la base prácticamente única de la dieta —sin legumbres ni proteína animal que lo complementen—, el retraso del crecimiento en niños es una de las primeras señales visibles.

Las legumbres que las culturas combinaron con los cereales no resolvían un misterio: resolvían una escasez que nadie había identificado. Y la competencia de la lisina con la arginina resultó ser, cuarenta años después de los primeros estudios, la explicación molecular de por qué un aminoácido en dosis altas puede interferir con la biología de un virus.

Dos hechos sin conexión aparente. El mismo aminoácido.


Referencias

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