Silicio

Silicio: es el ultraoligoelemento más abundante en los vegetales, con evidencia en salud ósea y tejido conectivo, pero sin esencialidad reconocida.

Silicio

El silicio es el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre, después del oxígeno, y el que más abunda en la dieta vegetal entre los cuatro ultraoligoelementos de esta sección. Está en la avena, en la cebada, en el arroz integral, en prácticamente cualquier cereal. El problema es que en los cereales el silicio viene encerrado en las paredes celulares en largas cadenas de moléculas entrelazadas y rígidas —una forma polimérica— que tu intestino no puede descomponer —los fitolitos—: menos del 5 % de lo que ingieres en un bol de avena llega a la sangre. En cambio, una judía verde, un plátano o, sorprendentemente, una caña de cerveza aportan cantidades menores en total, pero en la forma soluble que tu intestino sí puede aprovechar. Durante la fermentación, las levaduras convierten la sílice insoluble de la cebada en la forma activa. El cereal con más silicio aporta el menos aprovechable. La verdura con menos silicio aporta más.

El estudio epidemiológico más sólido hasta la fecha lo publicó Macdonald y colaboradores en 2012, usando datos del Framingham Offspring Study: en más de 2800 participantes, una mayor ingesta de silicio se asoció con mejor densidad ósea en hombres y en mujeres antes de la menopausia, pero no en mujeres posmenopáusicas. Esa diferencia sugería que el efecto del silicio podía depender de los estrógenos. Pequeños estudios con silicio en forma soluble han mostrado mejoras en la elasticidad de la piel y la resistencia de las uñas. Con todo, la EFSA no ha reconocido al silicio como nutriente esencial: los datos no satisfacen los criterios formales, y no existe ningún problema de salud documentado que aparezca cuando el silicio falta en la dieta.

El silicio es un ultraoligoelemento y el que las personas ingieren en mayor cantidad entre los cuatro de su categoría. Tu cuerpo contiene entre 1 y 2 gramos en total, concentrados principalmente en los huesos, cartílagos, tendones y dermis —el tejido conectivo—. De los cuatro ultraoligoelementos estudiados en personas, el silicio acumula la segunda base de evidencia más sólida después del boro, pero esa evidencia no ha alcanzado el umbral que los organismos reguladores exigen para declararlo esencial.

¿Para qué sirve el silicio?

El silicio no tiene un mecanismo de acción establecido en personas: la investigación ha identificado efectos en experimentos con células y asociaciones en estudios epidemiológicos, pero en ninguna de las cuatro áreas donde hay datos se ha podido demostrar que el silicio sea la causa directa de los efectos observados.

Síntesis de colágeno y tejido conectivo. El tejido conectivo depende de una proteína estructural que le da forma y resistencia —el colágeno de tipo I—. En experimentos con células, la forma soluble del silicio hace que esas células produzcan más de ese colágeno y más de la proteína que ancla el calcio a la estructura que da soporte interno al hueso —la matriz ósea—, la osteocalcina. En esos mismos experimentos, también aumenta la actividad de las células que fabrican hueso nuevo —los osteoblastos—.

Lo que ocurre en el laboratorio con células no siempre se reproduce cuando una persona cambia lo que come. El paso de estos resultados celulares a mejoras reales en personas no está demostrado.

Densidad mineral ósea. Los huesos no son solo calcio: necesitan una matriz proteica bien construida sobre la que el mineral pueda depositarse. El Framingham Offspring Study fue el primer estudio a gran escala que buscó si el silicio influía en ese proceso. El resultado: una mayor ingesta de silicio se asoció con más calcio almacenado en la capa externa del hueso —lo que las densitometrías miden como densidad mineral ósea cortical— en hombres y en mujeres antes de la menopausia, pero no en mujeres posmenopáusicas.

Esa diferencia apunta a que el efecto podría depender de los estrógenos. Los estudios de suplementación con la forma de silicio soluble más investigada —el ácido ortosilícico estabilizado (ch-OSA)— son pequeños y sus resultados, inconsistentes entre sí.

Piel, cabello y uñas. Si el silicio estimula la síntesis de colágeno en el laboratorio, la piel, las uñas y el cabello deberían ser los tejidos más sensibles a ese efecto, porque el colágeno es su componente estructural principal. Eso llevó a evaluar si el suplemento producía cambios visibles en esas tres áreas.

Varios estudios controlados con ch-OSA mostraron mejoras en la elasticidad de la piel y en la resistencia de las uñas en mujeres con cabello fino o uñas quebradizas. El mecanismo propuesto es que el silicio estimula la producción de colágeno y de la proteína fibrosa que forma uñas y cabello —la queratina— en las células que fabrican tejido en la dermis —los fibroblastos— y en los folículos pilosos. Los estudios tienen entre 20 y 60 participantes y no han sido replicados a mayor escala.

Interacción con el aluminio. El silicio se une al aluminio en el intestino y en la sangre, reduciendo la cantidad que absorbes y ayudando a que los riñones lo eliminen. Durante las décadas en que el aluminio fue propuesto como posible factor de riesgo del Alzheimer, este efecto generó interés en el silicio. La hipótesis del aluminio en el Alzheimer ha perdido apoyo científico en los últimos años, y la relevancia práctica de esta interacción permanece sin demostrar.

Efectos documentados en el laboratorio, asociaciones en epidemiología, estudios clínicos pequeños: el silicio es un candidato a nutriente con más preguntas abiertas que respuestas cerradas.

¿Cuánto silicio toma la gente y cuánto es demasiado?

La EFSA no ha establecido ninguna dosis de referencia para el silicio, y tampoco el Instituto de Medicina de Estados Unidos. La ingesta habitual en dietas europeas se sitúa entre 20 y 50 mg al día; las dietas ricas en cereales integrales, frutas y verduras pueden alcanzar 65 mg al día, y las dietas vegetarianas estrictas pueden superar los 70 mg al día.

Las dosis usadas en los estudios de suplementación —habitualmente con ch-OSA— oscilan entre 10 y 25 mg al día de silicio. No se han observado efectos adversos a esas dosis, pero tampoco existen estudios que confirmen que sea seguro tomarlo durante años. La única acumulación patológica de silicio conocida es una enfermedad pulmonar grave causada por inhalar polvo de sílice cristalina de forma continuada en entornos industriales —la silicosis—, que no tiene ninguna relación con el silicio de la dieta.

Fuentes alimentarias de silicio

Tu dieta habitual ya aporta silicio, aunque cuánto llega realmente a la sangre depende más de la forma química que de la cantidad total en el alimento:

AlimentoSilicio por cada 100 gForma y biodisponibilidad
Avena integral600 mgFitolitos (1–5 %)
Cebada230 mgFitolitos (1–5 %)
Arroz integral120 mgFitolitos (1–5 %)
Judías verdes10 mgÁcido ortosilícico (40–65 %)
Plátano5 mgÁcido ortosilícico (40 %)
Zanahoria4 mgÁcido ortosilícico (40 %)
Cerveza de cebada2 mg ¹Ácido ortosilícico (65 %)

Valores aproximados. ¹ Por cada 100 mL. Fuente: Jugdaohsingh et al., 2004; Sripanyakorn et al., 2009. Los valores de cereales integrales varían ampliamente según variedad y procesado.

La cerveza ocupa un lugar singular: durante la fermentación, las enzimas de bacterias y levaduras degradan las paredes celulares de la cebada y el silicio pasa a forma soluble. Los estudios del grupo de Jugdaohsingh estimaron que la cerveza puede contribuir con el 15–20 % del silicio absorbible en dietas europeas con consumo moderado, a pesar de su bajo contenido absoluto.

La absorción del silicio

Tu intestino absorbe el silicio con una eficiencia que depende casi exclusivamente de la forma química en que llega. La forma soluble presente en frutas, verduras y cerveza —el ácido ortosilícico— se absorbe en el intestino delgado con una eficiencia del 40–65 %. La sílice polimérica que forma la cubierta de los cereales —los fitolitos— se absorbe en menos del 5 %, porque tu intestino no tiene las enzimas necesarias para romper sus cadenas rígidas.

Una vez absorbido, el silicio circula en sangre como ácido ortosilícico y se elimina casi completamente por la orina en pocas horas. No se acumula en tejidos blandos a partir de lo que comes.

El silicio que más abunda en tu dieta —el de los cereales— es el que menos aprovecha tu intestino. El que entra de verdad viene en cantidades mucho menores, del plátano y la judía verde.

¿Qué se observa con ingestas bajas o altas?

El silicio está en casi todo lo vegetal, lo que hace que sus efectos con la dieta habitual sean difíciles de estudiar: ¿cómo generas una deficiencia de algo que nadie deja de comer?

Con ingestas bajas. No existe ningún problema de salud reconocido por falta de silicio en personas. Ni el ayuno terapéutico, ni las dietas de eliminación extrema, ni recibir todos los nutrientes directamente en vena sin comer nada —la alimentación parenteral total— han producido alteraciones atribuibles a la ausencia de silicio. En experimentos con animales —pollos y ratas a los que se eliminó el silicio de la dieta— sí se han observado deformidades óseas y del tejido conectivo, pero lo que ocurre con dietas artificiales en animales no siempre se reproduce en personas.

Con ingestas altas. La toxicidad dietética no está documentada. Ni las personas con ingestas muy elevadas procedentes de cereales integrales ni los participantes en estudios de suplementación con ch-OSA han mostrado efectos adversos en los estudios publicados.

No hay problema de salud por déficit, no hay toxicidad documentada en la dieta: el silicio ocupa una posición incómoda en la que la biología dice que algo pasa, pero nadie ha podido demostrarlo en personas todavía.

El silicio define una paradoja que no tiene equivalente en los demás ultraoligoelementos de esta sección: es el elemento más difícil de evitar en cualquier dieta que incluya verduras y cereales, y al mismo tiempo el que menos síntomas produce cuando falta. Eso puede significar dos cosas: que el silicio no importa realmente, o que importa pero nunca falta porque los vegetales lo aportan sin que nadie tenga que calcularlo.

A mí me parece que la segunda opción es la más probable.

El elemento más difícil de eliminar de la dieta es también el que nadie ha sabido declarar esencial.


Referencias

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