Silicio
Silicio: es el ultraoligoelemento más abundante en los vegetales, con evidencia sugestiva en salud ósea y tejido conectivo, pero sin esencialidad reconocida.
El silicio es el cuarto elemento más abundante de la corteza terrestre y, entre los cuatro estudiados en esta sección, el más presente en los alimentos de origen vegetal —se clasifica como ultraoligoelemento—. Tu cuerpo contiene entre 1 y 2 gramos de silicio en total, concentrado principalmente en el tejido conectivo: huesos, cartílagos, tendones y dermis. La EFSA y la OMS no han establecido ninguna dosis de referencia dietética para el silicio porque la evidencia disponible no ha permitido identificar ningún proceso fisiológico que lo requiera de forma específica e irremplazable. Los estudios epidemiológicos y algunos ensayos clínicos pequeños muestran asociaciones sugestivas con la salud ósea y la síntesis de colágeno, pero la base de datos en humanos no alcanza el rigor que la EFSA exige para establecer una declaración de esencialidad.
¿Para qué se estudia el silicio?
Síntesis de colágeno y tejido conectivo. El silicio estimula, en cultivos celulares, la expresión de los genes que codifican la principal proteína estructural del hueso y la dermis —el colágeno de tipo I— y la proteína que ancla el calcio a la matriz ósea —la osteocalcina—. La forma en que el silicio se vuelve soluble y puede ser captado por las células —el ácido ortosilícico (Si(OH)₄)— es también la bioactiva: en estudios in vitro, aumenta la actividad de las células que fabrican hueso nuevo —los osteoblastos—. El paso de estos efectos celulares a resultados clínicos relevantes en humanos no está aún establecido.
Densidad mineral ósea. El estudio más citado es el Framingham Offspring Study (Macdonald et al., 2012): en una cohorte de más de 2800 personas, la ingesta de silicio se asoció de forma positiva con la cantidad de calcio almacenado en la capa externa del hueso —lo que los análisis miden como densidad mineral ósea cortical— en hombres y en mujeres premenopáusicas, pero no en mujeres posmenopáusicas. Esta diferencia sugiere que el efecto del silicio podría estar modulado por los estrógenos. Los ensayos de intervención con ácido ortosilícico estabilizado —denominado ch-OSA, por sus siglas en inglés— son pequeños y sus resultados, heterogéneos.
Piel, cabello y uñas. Varios ensayos clínicos aleatorizados con ch-OSA mostraron mejoras en la elasticidad de la piel y en la resistencia de las uñas en mujeres con cabello fino o uñas quebradizas. El mecanismo propuesto implica la estimulación de la síntesis de colágeno y de la proteína fibrosa que forma uñas y cabello —la queratina— en las células productoras de tejido de la dermis —los fibroblastos— y en los folículos pilosos. Los tamaños de muestra son pequeños (20–60 personas por ensayo) y no existen réplicas en grupos más amplios.
Interacción con el aluminio. El silicio se une al aluminio en el tracto digestivo y en la sangre, reduciendo su absorción y facilitando su eliminación renal. Esto generó interés en el contexto de la investigación sobre la enfermedad de Alzheimer —donde el aluminio fue propuesto durante décadas como posible factor de riesgo—, pero la hipótesis del aluminio en el Alzheimer ha perdido apoyo científico en los últimos años y la relevancia clínica de este efecto del silicio permanece sin demostrar.
Sin dosis de referencia: ingestas habituales
La EFSA no ha establecido ninguna dosis de referencia para el silicio. Tampoco el Instituto de Medicina de Estados Unidos. La ingesta dietética habitual en dietas europeas se sitúa entre 20 y 50 mg/día; las dietas ricas en cereales integrales, frutas y verduras pueden alcanzar 30–65 mg/día, y las dietas vegetarianas estrictas pueden superar los 70 mg/día. No existe ningún caso documentado de toxicidad por silicio procedente de fuentes alimentarias en personas sanas.
Las dosis empleadas en estudios de intervención —habitualmente con ch-OSA— oscilan entre 10 y 25 mg/día de silicio. Nada indica que estas dosis sean peligrosas, pero tampoco existen datos de seguridad sistemáticos a largo plazo.
Fuentes alimentarias de silicio
La distribución del silicio entre los alimentos esconde un dato contraintuitivo: aunque los cereales integrales tienen el mayor contenido total por peso, la forma en que está presente, como sílice polimérica incrustada en las paredes celulares vegetales —los fitolitos—, se absorbe muy mal. Los alimentos con menor contenido total pero en forma de ácido ortosilícico —la forma soluble— son las fuentes más eficaces en la práctica.
| Alimento | Silicio por 100 g | Forma predominante |
|---|---|---|
| Avena integral | ~600 mg | Fitolitos (~1–5 % biodisponible) |
| Cebada | ~230 mg | Fitolitos (~1–5 % biodisponible) |
| Arroz integral | ~120 mg | Fitolitos (~1–5 % biodisponible) |
| Judías verdes | ~10 mg | Ácido ortosilícico (~40–65 % biodisponible) |
| Plátano | ~5 mg | Ácido ortosilícico (~40 % biodisponible) |
| Zanahoria | ~4 mg | Ácido ortosilícico (~40 % biodisponible) |
| Cerveza de cebada | ~2 mg/100 mL | Ácido ortosilícico (~65 % biodisponible) |
Fuente: Jugdaohsingh et al., 2004; Sripanyakorn et al., 2009. Los valores de cereales integrales varían ampliamente según variedad y procesado.
La cerveza de cebada ocupa un lugar singular en este cuadro: durante la fermentación, las enzimas de las bacterias y levaduras degradan las paredes celulares de la cebada y el silicio pasa a forma soluble. Los estudios del grupo de Jugdaohsingh (Universidad de Cambridge) estimaron que la cerveza contribuye con el 15–20 % del silicio que el intestino puede absorber en dietas europeas con consumo moderado, a pesar de su bajo contenido absoluto.
La absorción del silicio
Tu intestino absorbe el silicio con una eficiencia que depende casi exclusivamente de la forma química en que se presenta. El ácido ortosilícico —la forma soluble presente en frutas, verduras y cerveza— se absorbe en el intestino delgado con una eficiencia del 40–65 %. Los fitolitos —la sílice polimérica de la cubierta de los cereales— se absorben en menos del 5 %, porque el intestino no dispone de las enzimas necesarias para romper la estructura rígida de esas cadenas de silicio.
El silicio que más abunda en la dieta —el de los cereales— es el que menos aprovecha el intestino. El que entra de verdad viene en cantidades mucho menores, del plátano y la judía verde.
Una vez absorbido, el silicio circula en sangre como ácido ortosilícico y se excreta casi completamente por la orina en pocas horas. No se acumula en tejidos blandos a partir de fuentes dietéticas. La única acumulación patológica de silicio conocida es una enfermedad pulmonar grave causada por la inhalación crónica de polvo de sílice cristalina en canteras, minas o construcción —la silicosis—, que no tiene ninguna relación con el silicio de la dieta.
¿Qué se observa con ingestas bajas o altas?
Con ingestas bajas. No existe ningún síndrome clínico de deficiencia de silicio descrito en humanos. Ni el ayuno terapéutico, ni las dietas de eliminación extrema, ni la alimentación parenteral total han producido alteraciones atribuibles a la ausencia de silicio. En experimentos con animales —pollos y ratas alimentados con dietas artificialmente depuradas de silicio— sí se han observado deformidades óseas y del tejido conectivo, pero la extrapolación a humanos requiere cautela: las dietas experimentales no tienen ningún equivalente en hábitos alimentarios reales.
Con ingestas altas. La toxicidad dietética no está documentada. Ni las personas con ingestas muy elevadas procedentes de cereales integrales ni los participantes en estudios de suplementación con ch-OSA han mostrado efectos adversos en los ensayos clínicos publicados. El único antecedente de toxicidad renal relacionada con el silicio en humanos proviene del uso prolongado de antiácidos con silicato en dosis muy elevadas, situación sin equivalente en el consumo dietético normal.
El silicio define una paradoja que no tiene equivalente en los demás ultraoligoelementos: es el elemento traza más difícil de evitar en cualquier dieta que incluya alimentos vegetales, y al mismo tiempo el que menos síntomas produce cuando falta. Que su ausencia sea clínicamente invisible en humanos podría significar que no es esencial, o podría significar que la dieta lo suministra en cantidades tan constantes que la deficiencia real nunca se produce de forma espontánea.
El elemento más difícil de eliminar de la dieta es también el que nadie ha sabido declarar esencial.
Fuentes: Jugdaohsingh R. Silicon and bone health. J Nutr Health Aging. 2007;11(2):99–110. · Macdonald HM et al. Dietary silicon interacts with oestrogen to influence bone density. Bone. 2012;50(3):681–7. · Sripanyakorn S et al. The comparative absorption of silicon from different foods and food supplements. Br J Nutr. 2009;102(6):825–34.
También te puede interesar
Agua
Agua: es el nutriente sin el que tu cuerpo falla en días; las necesidades reales van de 2 a más de 4 litros diarios según el ejercicio y el calor.
Leer artículo →Fibra alimenticia
Fibra alimenticia: es la fracción vegetal que tu intestino no digiere; reduce el colesterol, mejora el tránsito y alimenta la microbiota intestinal.
Leer artículo →Grasas monoinsaturadas
Grasas monoinsaturadas: son los ácidos grasos con un solo doble enlace; efectos sobre el colesterol LDL y HDL, estabilidad al calor y mejores fuentes.
Leer artículo →