Almendra
Almendra: es el fruto seco con más vitamina E de la despensa, la caloría que menos se absorbe del grupo y tiene evidencia sólida sobre el LDL y la glucemia.
Coges el bote del armario, sacas unas pocas almendras y lo cierras antes de pillar más. El consejo lo has visto en una red social y en ese grupo de WhatsApp de deporte: un puñado, no más de veinte, masticadas despacio para saciar mejor.
Luego lees la etiqueta: 576 kcal por cada 100 g. Y el bote vuelve al fondo del armario.
Pero hay un dato que el consejo no explica: las calorías de la almendra no se absorben todas.
¿Qué es la almendra?
La almendra (Prunus dulcis) es la semilla de un árbol de la familia Rosaceae originario de Asia central y cultivado en el Mediterráneo desde hace más de cuatro mil años. No es casualidad que pertenezca a la misma familia que el melocotón, la ciruela o el albaricoque porque la almendra es la semilla del hueso de un fruto carnoso, igual que el melocotón tiene un hueso con semilla dentro. En este caso, la parte carnosa exterior —verde y fibrosa— se descarta, y la almendra que conoces es el interior del hueso.
España es el segundo productor mundial, después de California. Las tres variedades más habituales en la despensa española son la marcona —redonda, más grasa, de sabor más suave, la más apreciada gastronómicamente y una de las más exportadas del mundo—, la largueta —alargada, más seca, típica de Aragón y Cataluña— y las variedades comunes de uso industrial. También existen almendras amargas (Prunus amygdalus var. amara), que contienen un compuesto que libera cianuro al digerirse —la amigdalina— y no son comestibles en crudo; las almendras dulces son las únicas que se consumen directamente.
Composición nutricional de la almendra
Datos por cada 100 g de almendra cruda con piel:
| Nutriente | Cantidad |
|---|---|
| Energía | 576 kcal |
| Proteínas | 21,2 g |
| Hidratos de carbono | 21,7 g |
| Fibra alimentaria | 12,5 g |
| Grasas totales | 49,9 g |
| — Monoinsaturadas (oleico) | 31,6 g |
| — Poliinsaturadas | 12,3 g |
| — Saturadas | 3,8 g |
| Vitamina E | 25,6 mg |
| Calcio | 264 mg |
| Magnesio | 270 mg |
| Fósforo | 481 mg |
| Potasio | 733 mg |
| Zinc | 3,1 mg |
| Hierro | 3,7 mg |
| Folatos | 44 µg |
| Riboflavina (B2) | 1,1 mg |
| Manganeso | 2,2 mg |
Fuente: USDA FoodData Central.
La fuente de vitamina E más concentrada de la despensa
Las membranas de tus células están bajo el ataque constante de moléculas inestables que el propio cuerpo genera como subproducto de sus reacciones —los radicales libres—. El principal antioxidante que las protege de ese daño —la vitamina E, en su forma más activa el alfa-tocoferol— es uno de los nutrientes que más fácilmente caen por debajo de lo que necesitas en la dieta española.
Las fuentes que más la concentran —aceites vegetales y frutos secos— se consumen en cucharadas o puñados; el pan, la carne o las verduras aportan tan poco por ración que es fácil quedarse corto sin notarlo.
La almendra es la excepción. Con 25,6 mg de alfa-tocoferol por cada 100 g, casi duplica la cantidad diaria recomendada por la EFSA para un adulto (entre 11 y 15 mg). Una ración de 30 g aporta 7,7 mg: entre el 50 % y el 70 % de esa cantidad en un solo alimento.
El aceite de girasol tiene más vitamina E por cada 100 g (41 mg), pero lo usas en cucharadas de 10-15 g que aportan 4-6 mg. El aceite de oliva tiene 14 mg por cada 100 g, pero la cucharada habitual aporta apenas 1,5 mg. El aguacate tiene 2,1 mg por cada 100 g; un aguacate mediano entero aporta unos 2,5 mg. Los pimientos rojos y las espinacas cocidas, 1,5-2 mg por cada 100 g.
La vitamina E tiene además un papel directo en el riesgo de sufrir un infarto o un ictus: actúa sobre las partículas del colesterol que en tu analítica aparecen como «malo» —el LDL— y reduce su tendencia a oxidarse.
Cuando el LDL se oxida, desencadena una reacción inflamatoria que lleva a las células del sistema inmune a acumular grasa dentro de la pared de las arterias —la placa aterosclerótica—, el proceso que las estrecha y está detrás de los infartos y los ictus. La almendra reduce el riesgo de sufrir un infarto o un ictus por dos frentes a la vez: reduce el LDL circulante y protege el que queda de oxidarse.
Un puñado de almendras supera en vitamina E a medio aguacate, a un chorro de aceite de oliva y a un pimiento rojo juntos.
La caloría que no llegas a absorber
En 2012, investigadores del USDA midieron la energía que tu cuerpo absorbe realmente de una ración de almendras. El resultado no se lo esperaban: los participantes absorbían unas 129 kcal por cada 28 g de almendra entera, no las 168 kcal que predice el cálculo estándar de las tablas nutricionales. La diferencia es aproximadamente el 20-25 % de las calorías totales. Las mismas almendras pero menos calorías de las que indica la etiqueta.
El mecanismo que lo explica es la estructura física de la semilla. Cada célula de la almendra está rodeada por una pared hecha de celulosa y pectina —la pared celular—. Cuando masticas, no todas las células se rompen. Las que permanecen intactas no liberan su contenido graso al intestino, la grasa queda atrapada dentro de la pared y sale de tu organismo sin ser absorbida.
Este efecto solo ocurre con la almendra entera. La almendra laminada o picada, la harina de almendra y la leche de almendra tienen la pared celular ya rota: el aceite queda libre y se absorbe completamente. El tostado intenso también aumenta la permeabilidad de las células y reduce el efecto.
La implicación práctica es directa: los estudios en personas muestran que consumir almendras a diario no causa el aumento de peso que el número de calorías predice, en parte porque esas calorías no llegan todas al intestino.
La pared celular que hace crujir la almendra al morderla es la que retiene su grasa antes de que llegues a absorberla.
Lo que la almendra hace al colesterol y al azúcar en sangre
La almendra tiene una composición de grasa muy similar a la del aceite de oliva: el 63 % es del tipo monoinsaturado, con el ácido oleico como componente principal. Eso, combinado con los compuestos vegetales que compiten con el colesterol en el intestino —los fitosteroles— y con los 12,5 g de fibra por cada 100 g, tiene un efecto documentado sobre el LDL.
Varios metaanálisis calculan que consumir entre 40 y 70 g de almendras al día durante cuatro semanas reduce el LDL entre un 5 % y un 10 %, sin cambios significativos en el HDL —el «bueno»—. Esto sucede porque tres mecanismos trabajan a la vez:
Ácidos grasos monoinsaturados. Reducen la cantidad de LDL que el hígado produce cuando reemplazan grasas saturadas en la dieta.
Fitosteroles. Compiten con el colesterol en el intestino y reducen cuánto se absorbe.
Fibra. Capta los ácidos biliares —que el hígado fabrica a partir del colesterol— y los arrastra fuera del organismo; para reponer los que pierde, el hígado tiene que usar más colesterol circulante.
Un ensayo clínico de Jenkins et al. midió cuánto subía el azúcar en sangre después de una comida con pan blanco, con y sin almendras. El resultado: añadir almendras reducía el pico de azúcar en torno al 30 %. La explicación es que la grasa, la proteína y la fibra de las almendras retrasan la velocidad a la que el estómago se vacía, de modo que los hidratos de carbono del pan llegan al intestino más despacio y se absorben de forma más gradual.
La almendra no solo tiene un pico de azúcar propio muy bajo —su contenido en almidón es mínimo—, sino que amortigua el que provocan los carbohidratos que se comen con ella.
La almendra es el snack que reduce el pico de azúcar del pan, el arroz o la pasta que comas con ella.
¿Cuántas almendras consumir y cómo?
La ración de la mayoría de ensayos clínicos oscila entre 28 y 45 g. Con 30 g —aproximadamente 20 almendras enteras— obtienes 7,7 mg de vitamina E, 6,4 g de proteína, 3,7 g de fibra, y la fracción de grasa que permanece dentro de las células intactas.
Enteras y con piel. La piel marrón concentra los compuestos que frenan la oxidación del LDL y protegen las células del daño por radicales libres —las proantocianidinas y otros polifenoles— que la almendra blanqueada pierde en el procesado. El pellejo es amargo pero es también la parte más valiosa.
Crudas o tostadas a temperatura moderada. La vitamina E de la almendra aguanta mejor el calor que el omega-3 de la nuez —el ácido alfa-linolénico (ALA)—, así que el tostado suave no la destruye de forma significativa. El tostado intenso y la fritura sí reducen los polifenoles y rompen más paredes celulares, eliminando el efecto de absorción parcial.
En la misma comida que los carbohidratos. Si quieres aprovechar el efecto sobre el azúcar en sangre, comer las almendras junto al pan, el arroz o la pasta tiene más sentido que guardarlas para un snack aislado.
Creo que el consejo que viste de «un puñado» tiene razón pero probablemente no explicaba el porqué ni el cuándo.
El bote que cerraste antes de pillar más almendras tiene dentro la fuente de vitamina E más concentrada de la despensa, una grasa que no llega entera al intestino y algo que ninguna etiqueta cuenta: que si comes almendras junto a hidratos de carbono —como el pan— se reduce el pico de azúcar que el hidrato causa. Las 576 kcal por cada 100 g son reales, pero no del todo.
Referencias
- Novotny JA, Gebauer SK, Baer DJ. (2012). Discrepancy between the Atwater factor predicted and empirically measured energy values of almonds in human diets. American Journal of Clinical Nutrition, 96(2), 296–301.
- Josse AR, Kendall CW, Augustin LS, Ellis PR, Jenkins DJ. (2007). Almonds and postprandial glycemia—a dose-response study. Metabolism, 56(3), 400–404.
- Berryman CE, et al. (2015). Effects of daily almond consumption on cardiometabolic risk and abdominal adiposity in healthy adults with elevated LDL-cholesterol. Journal of the American Heart Association, 4(1), e000993.
- USDA FoodData Central.
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