Nuez

Nuez: es el fruto seco con más omega-3 vegetal, la evidencia cardiovascular más amplia del grupo y compuestos bioactivos que se pierden si la tuestas.

Fotografía de nueces sin cáscara

Coge unas pocas, que engordan. La frase se escucha cada Navidad alrededor del cuenco de nueces, con el cascanueces de madera pasando de mano en mano. Se coge una, se parte despacio, y la mitad que queda se deja en el plato con la sensación de haber sido razonable.

La nuez tiene fama de calórica, de grasa, de alimento que hay que racionar. Un placer puntual, no un hábito.

Ningún otro fruto seco ha acumulado tanta evidencia contradiciéndola.

¿Qué es la nuez?

La nuez (Juglans regia) es el fruto del nogal, árbol originario de Persia y Asia central que hoy se cultiva en todo el hemisferio norte. Es la variedad más consumida en España y en el mundo; las variedades americanas —la nuez pecán y la nuez negra— tienen perfiles distintos y son mucho menos habituales en la despensa española.

Lo que comes no es el fruto completo sino la semilla. La cáscara dura exterior es el hueso del fruto, y la nuez que conoces es el interior. Esa semilla tiene, a su vez, una piel fina y marrón —la película o pellejo— que la mayoría descarta por su amargor. Esa decisión tiene consecuencias nutricionales, como se explica en el apartado sobre el tostado.

Composición nutricional

Datos por cada 100 g de nuez cruda sin cáscara:

NutrienteCantidad
Energía654 kcal
Proteínas15,2 g
Hidratos de carbono13,7 g
Fibra alimentaria6,7 g
Grasas totales65,2 g
Omega-3 (ALA)9,1 g
Omega-6 (ácido linoleico)38,1 g
Magnesio158 mg
Potasio441 mg
Zinc3,1 mg
Hierro2,9 mg
Folatos98 µg
Cobre1,6 mg
Manganeso3,4 mg

Fuente: USDA FoodData Central.

La fuente vegetal de omega-3 de la despensa

Los ácidos grasos omega-3 no son una sola molécula. Hay tres formas con relevancia para la salud: el tipo de cadena corta que se encuentra en los vegetales —el ácido alfa-linolénico (ALA)— y dos formas de cadena larga —el EPA y el DHA— que se concentran en el pescado azul y que la mayoría de estudios asocian a protección cardiovascular y neurológica.

La nuez contiene 9,1 g de ALA por cada 100 g de peso seco. Eso la convierte en la fuente de omega-3 vegetal más densa de la despensa habitual: dobla o triplica la cantidad de cualquier otro fruto seco. Una ración de 30 g —aproximadamente siete mitades— aporta unos 2,7 g de ALA, más del doble de la ingesta de referencia que la EFSA establece para un adulto.

Aquí entra el matiz que importa. Tu cuerpo convierte el ALA en EPA con una eficiencia de aproximadamente el 5-10 %, y en DHA con menos del 1-5 %. Comer nueces no equivale a comer salmón: la conversión es demasiado limitada para que el ALA sustituya al EPA y al DHA del pescado azul cuando tu ingesta de estos es baja.

Dicho eso, el ALA tiene efectos biológicos propios, no solo como precursor. Y la proporción entre omega-6 y omega-3 en las nueces —aproximadamente 4:1— es mucho más favorable que la de la mayoría de aceites vegetales y que la de la dieta occidental típica, donde esa proporción suele rondar 15:1 o 20:1. Eso tiene consecuencias sobre la respuesta inflamatoria que van más allá de la conversión.

Las nueces no son el salmón. Pero son la mejor fuente vegetal de omega-3 que puedes poner en la mesa sin pensar demasiado.

La evidencia cardiovascular más sólida del grupo

Las nueces son el fruto seco más estudiado en relación con la salud cardiovascular. La cantidad de ensayos clínicos, estudios de cohortes y metaanálisis con nueces como objeto específico no tiene equivalente en ningún otro fruto seco.

El Nurses’ Health Study, con más de 80.000 mujeres seguidas durante 14 años, encontró que consumir nueces cinco o más veces por semana se asociaba a una reducción del 35 % en el riesgo de infarto de miocardio fatal frente a quienes raramente las consumían. Los ensayos de intervención sobre el perfil lipídico son igualmente consistentes: varios metaanálisis calculan que una ración diaria de 28-30 g durante cuatro a ocho semanas reduce el tipo de colesterol asociado al riesgo cardiovascular —el LDL— entre un 7 % y un 10 %, sin modificar significativamente el colesterol total ni el HDL.

Lo que hace útil entender estos resultados es que los mecanismos que los explican no son uno solo. Las nueces actúan por cuatro vías distintas de forma simultánea:

Los ácidos grasos omega-3 reducen los triglicéridos y tienen efecto antiinflamatorio directo sobre la pared arterial, independientemente de su conversión a EPA y DHA.

El aminoácido más abundante en las nueces —la arginina— es la materia prima del compuesto gaseoso que regula el diámetro de tus vasos sanguíneos —el óxido nítrico—. Más arginina disponible significa más vasodilatación y menor tensión arterial.

Compuestos con estructura similar al colesterol pero de origen vegetal —los fitosteroles— compiten con el colesterol por los mismos transportadores en tu intestino. Menos colesterol absorbido significa menos LDL circulante.

Los polifenoles del pellejo tienen efecto antioxidante sobre las propias partículas de LDL. El LDL oxidado es mucho más dañino para la pared arterial que el LDL sin oxidar: cuando una partícula de LDL se oxida, activa una cascada inflamatoria que acelera la formación de placa. Reducir esa oxidación tiene consecuencias clínicas reales.

No hay un compuesto responsable. Es la combinación.

Lo que pierdes si las tuestas o les quitas el pellejo

La piel fina y marrón que envuelve cada mitad —el pellejo que mucha gente descarta porque es amargo— concentra el 90 % de los polifenoles de la nuez: los ellagitaninos y el ácido elágico que tienen el efecto antioxidante descrito en el apartado anterior, además de flavonoides como la quercetina y el kaempferol.

Ese amargor no es un defecto: es la señal química de los compuestos que hacen la nuez nutricionalmente más valiosa que las versiones blanqueadas.

El tostado introduce un segundo problema. El ALA tiene tres dobles enlaces en su cadena —a diferencia del ácido oleico del aceite de oliva, que tiene uno—, lo que lo hace muy susceptible a la oxidación por calor. A temperaturas superiores a 150 °C, el ALA se degrada y pierde gran parte de su actividad biológica. El tostado también reduce los polifenoles de forma significativa.

Una nuez tostada a alta temperatura tiene menos omega-3 funcional y menos polifenoles que una cruda. La diferencia no es menor.

La parte amarga es exactamente la que más importa.

¿Cuántas nueces consumir y cómo?

La ración que aparece en la mayoría de ensayos clínicos es de 28 a 30 g: aproximadamente siete mitades. A esa cantidad aportas unos 2,7 g de ALA, 196 kcal, 4,6 g de proteína, 2 g de fibra y una dosis significativa de polifenoles y fitosteroles.

Crudas, con pellejo. Es la forma que preserva el máximo de omega-3 y polifenoles. Si las compras con cáscara, la cáscara retrasa la oxidación del aceite interior.

En nevera o congelador. El ALA se oxida con rapidez a temperatura ambiente, especialmente con luz. Una nuez rancia no solo sabe mal: también ha perdido gran parte de su omega-3. Si las compras a granel, guárdalas en un recipiente cerrado en la nevera y consúmelas en el plazo de un mes.

Sin sustituir al pescado azul. Si tu dieta no incluye pescado azul con regularidad, las nueces son la mejor fuente vegetal de omega-3 disponible, pero la conversión ALA → EPA/DHA sigue siendo limitada. Son complementarias, no equivalentes.

Creo que el miedo a la caloría de las nueces es el malentendido nutricional más persistente de la dieta española. 654 kcal por cada 100 g es una cifra real. También lo es que una ración diaria de siete mitades, con décadas de evidencia a sus espaldas, se asocia a menos LDL, menos LDL oxidado y menor riesgo de infarto.

La nuez que cogías de una en una en Navidad para no pasarte debería ser siete mitades al día. Sin culpa.


Referencias

Compartir

También te puede interesar